Sábado, 02 de Marzo 2024

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Suplementos | El profeta es importante en la Sagrada Escritura

Navidad es Cristo

Los profetas supusieron una renovación y maduración de la fe del pueblo

Por: EL INFORMADOR

(I)

     El profeta es importante en la Sagrada Escritura; en el Antiguo Testamento se nos presentan las profecías mesiánicas, como anuncio de la llegada del Mesías. Los profetas supusieron una renovación y maduración de la fe del pueblo, en la línea de la interioridad, la radicalidad, la coherencia, el culto y compromiso social, y la universalidad de la fe en el Dios verdadero.
     Profeta, de acuerdo a nuestra fe, significa “el que habla en el nombre de Dios”. Muchos confunden el significado del profeta y de la profecía con la adivinación del futuro y la premonición de lo que van a suceder; nada hay más alejado del verdadero profetismo.
     El término para designar al profeta en la Biblia es nabí, que significa “el que ha sido llamado por Dios”. Su actuación profética se produce en el contexto social, económico y religioso que vive el pueblo de Israel en las diferentes situaciones históricas.
     Los profetas tienen dos características importantes: una experiencia de Dios, que les convierte en portavoces de sus designios de salvación para sus conciudadanos; y comparten con los demás la situación por la que pasa el pueblo, así como su necesidad de liberación. La conjunción de estos dos elementos les hace ver el futuro con una mirada de renovación y de gracia (1 Sam. 9, 6-7. 20; 2 Re. 5, 20-27). Son testigos de que los planes de Dios no coinciden con los caminos de los hombres (Is. 55, 8-9), y expresan abiertamente lo que Dios les sugiere para destruir y edificar, para sostener y consolar, para denunciar y anunciar. La llamada a la conversión que hacen los profetas tiene como referencia la paciencia e insistencia con que Dios ama, perdona y espera que el pueblo cambie.
     Jesús es el profeta por antonomasia; así lo vemos a través de toda su vida pública y, como lo afirma la Escritura: “En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por su Hijo…” (Heb. 1, 1-2).
     Todos los cristianos, por el Bautismo y la Confirmación, estamos llamados a ser profetas, dóciles a la acción del Espíritu y continuadores de la misión de Jesús. La sociedad necesita corrección, aliento, denuncia y propuestas nuevas. Vivir hoy el carisma de la profecía, requiere una fe madura,  camino de conversión constante y de búsqueda del encuentro con Dios en los acontecimientos históricos, con la confianza de que Dios lleva la existencia hacia la plenitud escatológica.
      Los auténticos profetas son testigos excepcionales de la experiencia auténtica del Dios de Jesús, y del celo por la causa del Reino de Dios y su justicia. Para los profetas, Dios es lo primero y lo más importante; son hombres de oración contemplativa, que ayudan a los demás a mirar la vida con los ojos de Dios. Desde esta experiencia de Dios analizan las realidades históricas para discernir los signos de los tiempos, es decir, los acontecimientos de gracia por los que Dios pasa por la historia o ésta se abre al proyecto de Dios. Los profetas son defensores, hasta gastar y dar la vida en la causa de los pobres, los débiles, los marginados, etc.
     Ciertamente, el mundo sería muy distinto, si todos los cristianos --es decir los que han recibido el Bautismo y la Confirmación, y creen en Jesucristo como Dios y  Hombre verdadero su único Salvador, Señor y Mesías-- ejerciéramos este carisma en nuestro tiempo, en medio de una sociedad que presenta muchas ambigüedades y que está caracterizada por la tribialización de los valores morales, la superficialidad y la insolidaridad con el Tercer Mundo.
     Desde luego que también es indispensable que todos tengamos oídos para escuchar lo que Dios nos dice a través de ellos, y ser como tantos que escucharon a Juan Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento, y gracias a ello, siguieron a Jesús.
     El Señor nos dice hoy: LA NAVIDAD ES CRISTO. Si lo escuchamos a Él, la viviremos con autenticidad; si escuchamos a los falsos profetas que desvirtúan el sentido de esa celebración, seremos de los que año con año, la paganizan.

Francisco Javier Cruz Luna
clunafcoj(arroba)yahoo.com.mx

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