Sábado, 18 de Mayo 2024
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La Noria

Bellos lugares y un camino de esplendores entre los poblados de Villa Guerrero, Totatiche y Temastián

Por: EL INFORMADOR

Paisaje. Una vista espectacular regala a sus visitantes el cerro Los Carretones.  /

Paisaje. Una vista espectacular regala a sus visitantes el cerro Los Carretones. /

GUADALAJARA, JALISCO (16/FEB/2014).- Al oriente de la mesa La Guitarra, se encuentra el fabuloso poblado nombrado “La Noria”. Luego de observar el puente de Cartagena, continuamos nuestro andar a Villa Guerrero, pasamos por Totatiche y vimos la torre de su templo, y más adelante las altas torres del santuario del Señor de los Rayos, en Temastián.

En Villa apreciamos su iglesia dedicada a la Virgen de Juan Diego, tapias de cantera rosa abrazan la portada, embellecida por seis columnas corintias y entre ellas la puerta en arco de medio punto sobre capiteles dóricos. Las columnas se repiten en el segundo cuerpo, con la ventana coral al centro, vertical y emplomada con santo, por remate una imagen de la virgen. Del lado izquierdo se levantó el campanario, de planta cuadrada y de dos cuerpos, con un vano arqueado por cara, entre los cuerpos, el reloj, de caratula redonda, por cubierta, una alta cúpula con linterna y cruz, ganando altura.

Vimos una bonita esquina ochavada por la calle Independencia, era el número 49, de piedra, con 10 puertas en su planta baja y nueve balcones en altos. Atravesamos la plaza, animada por unos árboles y nos acercamos al puesto de don Aureliano para degustar unos ricos tacos de cabeza. Pernoctamos en el hotel Loma Bonita y el desayuno consistió en un suculento menudo con Sarita.
El nombre primitivo del pueblo fue El Salitre, dado por el mineral de la pradera, se evoca que por 1676, Toribio González Escalante inició su explotación, empresa que fue incosteable, pero su ubicación resultó ser una buena posta de la ruta Colotlán-Bolaños, el rancho salitrero se transformó en punto de jornada. En 1889 se erigió comisaría de Totatiche y para 1921 paso a ser municipio, dándole el actual nombre.

De con Sarita tomamos el camino a San Lorenzo de Atzqueltán, el bizarro camino fue bajando al insólito cañón de Bolaños y nos fue regalando pintorescas vistas de riscos rojizos, verticales, cortados por profundas barrancas, el sol naciente les empezaba a dar color. Debajo de las desnudas paredes contrastaban los robledales. Conforme bajábamos se abría el horizonte de cerros, que ostentaban sus peñascos, cejas que embellecían al cañón.

Al poniente, el cerro Los Carretones con mil 500 metros de altura, La Cuchilla de Papel, El Gallo y La Leoncita, al oriente, La Flecha, El Venado Blanco, El Títere, El Chivo y la mesa Manga el Pino. Algunas coronas con cuevas. Nos fuimos parando para contemplar las bellas elevaciones.

Después de una curva se dejó ver el hermoso río formando una isla alargada. La última bajada nos llevó a San Lorenzo, miramos su capilla, con medias columnas estriadas, almenas sobre la cornisa, aledañas a la ventana coral y arriba, una espadaña de dos vanos arqueados. Phil Weigand y señora refirieron: “El cerro de Colotlán (ubicado en un peñón elevado desde el cual se divisa el río Bolaños, en la comunidad indígena tepecana de San Lorenzo), hay un complejo circular del perio.do posclásico. Aún utilizado ocasionalmente por los tepecanos”.
Seguimos nuestro caminar por el cañón, admiramos el río desde un puente, enmarcado por follajes, donde escuchamos su murmullo de vida. El sendero nos fue mostrando el cañón con su río, que zigzagueaba con gracia.

Pasamos por el Sabino Quemado y apreciamos su cristalino arrollo y al fondo los peñascos del Romerillo. El camino de tierra fue subiendo entre cautivadoras cejas, al final de una recta, una casa de piedra nos indicó nuestra llegada a La Noria, al fondo vimos la peña El Tambor, con una cruz en su cresta.
Detrás de unas moradas contemplamos el cañón en todo su esplendor, el cordón plateado enmarcado por atractivos cortes y pliegues, nos sentamos en unas piedras por un buen rato, gozando el hechizante horizonte. Luego miramos la fresca noria, a un costado nos sorprendieron unos peculiares y efectivos lavaderos, cada lavadero era una piedra y, con vista al cañón. A nuestro regreso fuimos maravillados por unos preciosos venados.

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