Viernes, 21 de Junio 2024
Suplementos | Primera Parte

El Nacimiento de N. S. Jesucristo

El mensaje que puede captarse es: el mundo se encontraba en tinieblas, como metáfora de la falta de amor, de caridad, de fe y esperanza

Por: EL INFORMADOR

     “La Navidad es fiesta de luz. No una luz total, como la que inunda todo en pleno día, sino una claridad que se hace en la noche y se difunde desde un punto preciso del universo: desde la gruta de Belén, donde el niño divino ‘ha venido a la luz’”. Son las palabras de S. S. Benedicto XVI, pronunciadas el 25 de diciembre de 2008.
    El mensaje que puede captarse es: el mundo se encontraba en tinieblas, como metáfora de la falta de amor, de caridad, de fe y esperanza. Así, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo con el mensaje más grande, la mismísima palabra de Dios. De ahí que, doctrinalmente, nos refiramos a Jesús, la segunda persona de la Santísima Trinidad, como el Verbo Encarnado. Y así nos dice San Juan en el prólogo de su Evangelio: “En el principio existía aquél que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios… Y aquél que es la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros” (Jn 1, 1-14), para rematar con el versículo 18: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único que está en el Padre, nos lo ha dado a conocer”.
     Todo el prólogo mencionado habla de Jesús y su llegada al mundo, que ha sido manifestación del amor del Padre a todos los hombres de todos los tiempos; pero hace falta que todos, hombres y mujeres, acojamos la palabra y la doctrina de N. S. Jesucristo, siguiendo el ejemplo de María Santísima en su “sí” incondicional a la voluntad de Dios (Lc 1, 38). En ese momento, de acuerdo con san Juan (v. 12), “a todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios”.
     Jesús nace y vive para que toda persona humana que busca libertad y paz las encuentre en sus enseñanzas; para que quien se encuentre oprimido por el pecado pueda salir adelante y caminar hacia la luz eterna. En la Navidad, Dios responde al clamor de los pueblos expresado en el Apocalipsis (22, 20): “¡Ven, Señor Jesús!”, para traer paz y armonía entre todos los hombres.
     La Navidad es la fecha en que podemos recorrer el mundo con nuestra mirada, para encontrar ahí el rostro humano de Dios, para que nosotros, “hombres y mujeres del tercer milenio, encontremos a Cristo y lo contemplemos con los ojos de María” (Juan Pablo II, 2002), quien conocía la verdad y la guardaba en su corazón. Es la fecha en que “se ha manifestado la gracia de Dios, fuente de salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos y a llevar una vida sobria y justa” (Tt 2, 11-12), para así alcanzar la felicidad y paz verdaderas.
     Este domingo celebramos el segundo de Adviento, tiempo de preparación para la Navidad propiamente dicha. La vigilia de Navidad (el día 24) se celebra la misa de Navidad, llamada la Misa de Gallo. El día 25 celebramos solemnemente la Natividad del Señor.
     Siguen ocho días, hasta el primero de enero, en que se celebra la Octava de Navidad, cuya práctica tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Dios hizo una alianza con Abraham  y su descendencia, cuyo signo es la circuncisión en el octavo día después del nacimiento (Gen 17, 10-12). Desde entonces, la octava (ocho días) ha sido tradición del pueblo de Dios.
     Durante la octava celebramos tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor: san Esteban, el 26, que representa a quienes han muerto por Cristo voluntariamente; san Juan Evangelista, el 27, que representa a quienes estuvieron dispuestos a morir por Cristo, pero no los mataron (recordemos que él fue quien estuvo con María al pie de la cruz); y los Santos Inocentes, el 28, quienes representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo. El domingo después de la Navidad celebramos la Sagrada Familia, y el día primero del año siguiente (en este caso 2010), se celebra a María Madre de Dios, con lo que termina la octava. El 6 de enero es la fiesta de la Epifanía, o manifestación del Señor a los Reyes Magos; y, finalmente, el tiempo de Navidad termina con el Bautismo del Señor. Que este tiempo de preparación para la venida de N.S. Jesucristo sea propicio para todos y que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara(arroba)up.edu.mx

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