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Lunes, 18 de Noviembre 2019
Suplementos | Estamos iniciando hoy en la Iglesia, un nuevo año litúrgico, y con él, el tiempo denominado de Adviento

“Adviento” del mundo vs. Adviento cristiano

La Iglesia, a través de sus parroquias, sus templos, sus diversas comunidades, algunos medios masivos de comunicación, tanto propios como ajenos, hace un esfuerzo por dar a conocer y ayudar a comprender el sentido y la importancia de este tiempo

Por: EL INFORMADOR

     Estamos iniciando hoy en la Iglesia, un nuevo año litúrgico, y con él, el tiempo denominado de Adviento, un tiempo que todo aquel que cree, sigue y obedece a Jesucristo, el Señor, debería distinguir muy bien en cuanto su significado, su vivencia y su trascendencia.
     La Iglesia, a través de sus parroquias, sus templos, sus diversas comunidades, algunos medios masivos de comunicación, tanto propios como ajenos, hace un esfuerzo por dar a conocer y ayudar a comprender el sentido y la importancia de este tiempo. Sin embargo, por más y muy importantes y valiosos que estos sean, nunca será suficiente la difusión y la explicación correspondiente, que nos lleve a vivir con autenticidad la Navidad, si en nuestros propios ambientes no lo damos a conocer y, sobre todo, no damos testimonio de su vivencia con congruencia.
     Nosotros queremos poner un granito de arena en esa labor, y para el efecto vamos a hacer una breve relación que manifieste la contraposición que hacen el mundo y sus agentes, a los valores del Adviento cristiano, ejercicio que le podríamos denominar El “adviento” del mundo vs. el Adviento cristiano, o se podría explicitar: Cómo se prepara el mundo para la Navidad, a diferencia de cómo debería prepararse una sociedad que se dice ser cristiana.
     En primer lugar, y estando de acuerdo en que el Adviento es para prepararse a la llegada de la Navidad, veamos lo esencial y preguntémonos qué significa la Navidad. Y no es otra cosa que la conmemoración y la actualización del misterio más grande de la humanidad, que es la encarnación y el nacimiento de el niño Jesús, quien es Dios hecho hombre, enviado por el Padre para salvar al mundo de su condenación eterna.
     Y resulta que el “adviento” del mundo nos habla de un gran mercantilismo, y así aunque exista crisis económica y financiera mundial, muchos --aunque sean artículos menos costosos que en otras ocasiones-- harán el gasto para regalar algo a familiares, amigos, compañeros, etc., no importando, incluso, si  resultan útiles o del gusto de los beneficiarios. De hecho, es sabido que en estos días muchos han dejado de realizar compras, aun de cosas necesarias, con el fin de “ahorrar para los regalos navideños”.
     El “adviento” del mundo también nos impulsa a un consumismo, es decir gastar por gastar, y para ello bombardea las conciencias de las personas, a través de anuncios manipuladores por su mensaje; la tecnología usada, muchas veces usando mañas subliminales, y la frecuencia masiva en que se transmiten, etc.; de tal forma que un gran porcentaje de compras son hechas sin reflexionar, obedeciendo solamente al impulso.
     El “adviento” mundano incita, así mismo, a las personas a toda clase de abusos y desórdenes en su vida personal, familiar y social, influyendo para hacerles creer que mientras más se coma, más se beba --especialmente bebidas alcohólicas-- y, como consecuencia, más se desaten las pasiones humanas, se vive y se disfruta más la Navidad.
     En contraposición, el auténtico Adviento, el que celebramos o deberíamos de celebrar los cristianos, significa un tiempo de preparación en todas las dimensiones, pero de manera especial la espiritual, ya que esperamos a un Dios, no que ya vino y se fue, sino que viene constantemente a nuestra vida.
     Por ello nuestra actitud en esta espera debe ser, entonces: estar firmes, no dejarse llevar por las falsas ideologías y los errores del tiempo, no sucumbir a la tentación del paraíso en la tierra, no perder nunca de vista la patria definitiva, los ojos fijos en la eternidad.
     Un ingrediente de la firmeza deberá ser la vigilancia, según nos lo recomienda el Señor en el Evangelio de hoy. Vigilar para que no pase inadvertido el momento de Dios. Vigilancia que debe unirse con la sobriedad: ser sobrio es no abusar de las cosas de este mundo, no echar raíces demasiado profundas en esta tierra, porque este mundo es finito (es decir, tiene fin).

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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