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Viernes, 25 de Mayo 2018
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México

Senadores comen y beben de lujo con dinero de los mexicanos

Una de las formas en que los recursos para alimentos llegan hasta los legisladores es a través del presupuesto mensual que reciben las comisiones y los órganos de gobierno del Senado

Israel Piña

A pesar de las repetidas promesas de austeridad en el Senado de la República, los legisladores aún pueden pagar, con recursos públicos, comidas que a veces superan los 10 mil pesos.

Durante el segundo trimestre de 2017, el Senado gastó 28.88 millones de pesos en alimentación. Este monto aparece bajo el concepto de Alimentos y utensilios en el Presupuesto de Egresos. El año pasado, el gasto fue de 28.42 millones de pesos, de acuerdo con información publicada por la Cámara alta.

El Senado aprobó, en 2016, lineamientos de austeridad en los servicios de alimentación y cafetería que aplicaron principalmente al personal administrativo. Durante el primer trimestre de 2017, el Senado rebasó ya el presupuesto total para alimentos de 2016.

¿De dónde salen los recursos?

Una de las vías por la que llegan los recursos para alimentos hasta los legisladores, es el presupuesto mensual que reciben las comisiones y los órganos de gobierno del Senado. Una parte de este dinero la pueden utilizar para reuniones de trabajo fuera del recinto.

También, comisiones, órganos de gobierno, grupos parlamentarios y senadores tienen derecho a solicitar al Comité de Eventos servicio de alimentos y cafetería para las reuniones que sostienen dentro del Senado.

De acuerdo con el Informe de cumplimiento de los Lineamientos de Racionalidad y Austeridad Presupuestaria, “el servicio de alimentación y cafetería será exclusivamente para el trabajo legislativo de Senadores y Comisiones, así como en apoyo de las actividades administrativas (…). Los gastos de alimentación fuera de las instalaciones deberán obedecer a requerimientos del trabajo legislativo y necesidades administrativas”.

De enero a junio de 2017, hubo 987 reuniones de trabajo de las comisiones, 160 de los órganos de gobierno y 161 de grupos parlamentarios en los que se solicitó servicio de alimentos y cafetería, de acuerdo con el Informe al Primer Trimestre.

En días de sesión, cada senador tiene derecho a comida-bufette en el restaurante interno Zonura Prendes, como parte de sus prestaciones laborales. Durante el primer semestre de 2017, hubo 40 sesiones.

En el mismo periodo de tiempo, los senadores realizaron 72 comisiones o viajes especiales, de ellos 55 fueron internacionales. Al recibir viáticos, los senadores tienen un monto para comidas.

Hay otra partida que, entre otras cosas, también se usa para alimentación. Se trata de las subvenciones a los grupos parlamentarios que es el dinero entregado a cada una de las bancadas.

La peculiaridad de estos recursos es que no tienen que justificarse con documentos comprobatorios. De 2012 a 2015, las asignaciones parlamentarias ascendierona 3 mil 678 millones de pesos. El 95% se utiliza para servicios generales, entre los que está el gasto en alimentos.

Los restaurantes preferidos por los senadores

Los gastos más grandes en alimentos se hacen al pagar comidas en restaurantes de Reforma, Polanco y Lomas de Chapultepec, así como en mantener el restaurante ubicado al interior del Senado, el que provee el buffet los días de sesión. A estos lugares acuden los senadores, mientras que los restaurantes aledaños a la sede legislativa son utilizados por asesores o empleados directos de los legisladores.

Hay dos lugares muy concurridos por los senadores. Uno de ellos es el Restaurante Cuchilleros, que por su cercanía con la Cámara se ha convertido en un punto de reunión tradicional. El otro es The Capital Grille.

The Capital Grille está a 800 metros del Senado de la República, frente a la Glorieta de la Palma. Tiene una cava para más de 3 mil botellas, cortes de carnes añejada en seco de 800 pesos y copas de cogñac Hennessy Paradise de 3 mil pesos. La decoración remite a un club privado inglés. De las paredes cuelgan cabezas de animales y óleos de personajes ilustres como el arquitecto Ricardo Legorreta y el poeta y ensayista Octavio Paz.

De acuerdo con meseros del lugar, es común ver a los legisladores llegar a pie. El horario más frecuente es de 13:00 a 17:00 horas. Los guardaespaldas se quedan afuera y los asistentes pueden o no entrar pero no se sientan a la mesa con el político. La mayoría de las veces comen en otro lugar.

En ocasiones, el legislador se hace acompañar de un tercero, que no es su asistente ni tiene su nivel jerárquico ni el de su interlocutor. No hay distingo de partido ni matices ideológicos. Lo mismo acuden senadores de derecha y de izquierda.

Los meseros ya saben cuáles son las bebidas y el menú preferido de los políticos. Pueden comenzar con vino y terminar con whisky. Los meseros de The Capital Grille, el asesor de un exsenador, un empresario amigo de senadores y un periodista -quienes pidieron que no se revelara su identidad- confirmaron que el alcohol es infaltable pero nunca lo beben en exceso.

Los senadores no piden la cuenta, simplemente se despiden de su interlocutor y se retiran. Para entonces, el asistente ha vuelto y es él quien paga la cuenta. En ocasiones, el encuentro se cuela a los trascendidos de los periódicos. Cuando el acuerdo entre los interlocutores es muy relevante para la clase política, la reunión se filtra a los medios antes de que termine.

En la sede del Senado, el restaurante Zonura Prendes suele proveer el servicio de cafetería para los eventos de los senadores y el buffet exclusivo para los legisladores durante los días de sesión. A este lugar solamente pueden entrar ellos. Sus asistentes o invitados no pueden ingresar solos, tiene que ser en compañía de ellos. Si el senador come ahí en un día que no hay sesión, él paga, ya sea con sus recursos o con los asignados por el Senado. Hay cortes finos, también alcohol.

La Dahlia es una cafetería que también está dentro de las instalaciones del Senado. También suele proveer lo que consumen los legisladores en las reuniones de trabajo legislativo.

Las facturas, generalmente, las obtienen los colaboradores del senador a través de Internet. La solicitan lo hacen a nombre del Senado o del grupo parlamentario al que pertenecen, según el origen de los recursos. La factura siempre tiene el concepto de “consumo de alimentos y bebidas” o algo similar.

Las facturas rara vez anexan el nombre del legislador, a diferencia de los gastos hechos por los servicios de administración o parlamentarios, que sí especifican junto a la factura el nombre del área que usó los recursos y del funcionario que los autorizó.

EL INFORMADOR sistematizó 2,109 facturas etiquetadas con el concepto de Alimentos y utensilios. De ellas, resulta una media de 4,086 pesos, lo que rebasa el promedio de gasto en comidas en la calle hechas por hogar y per cápita en México.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 realizada por el INEGI, los hogares ubicados en el decil más alto gastan en promedio 2,058 pesos al mes en comidas fuera de la casa; por persona, el monto asciende a 1,970 pesos.

Cada gasto en comida hecho por los senadores es, en promedio, dos veces más grande que el gasto hecho por una familia de clase alta en México.

METODOLOGÍA

Para este trabajo, se utilizaron diversas fuentes de datos:

  • Presupuesto del Senado de la República.
  • Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares.
  • Solicitudes de información vía Transparencia sobre gastos en Alimentos del Senado.

Las fuentes 1 y 2 estaban ya sistematizadas, pero la tercera fue construida, puesto que la información se encontraba en copias de facturas de consumo.

Las variables definidas para la base de datos fueron: fecha de consumo, hora de consumo, lugar de consumo o dirección fiscal, nombre del establecimiento, razón social, RFC, concepto de servicio o artículos y total.

Algunos errores de captura fueron corregidos en Open Refine. Una segunda etapa de limpieza de la base de datos se hizo con R.

El análisis de todos los datos se hizo en R.

NOTA FINAL
La elaboración de los contenidos ha sido posible gracias al generoso apoyo del Pueblo de los Estados Unidos, a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y de su programa de Política Económica de México (PROPEM). El contenido y las conclusiones son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista u opiniones de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos.