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Miércoles, 19 de Septiembre 2018

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Y llegó el hombre

Por: EL INFORMADOR


A ratos me pongo a pensar cómo se vio a sí mismo el primer hombre que apareció sobre la Tierra. Es un ejercicio muy difícil, pero muy interesante, aunque un tanto misterioso, sorprendente, asustadizo y tanto si fue por voluntad de Dios como si ocurrió como resultado de una larga evolución de la cual nació el primer hombre con las características o casi que tiene hoy, imagínese usted en su lugar. Tenía que inventar millones de cosas, principalmente el idioma, y se llamó a sí mismo “hombre”. Bello vocablo, importante y significantemente expresivo.

¿Qué haría usted solo en el planeta? Supongo que también habría por allá una mujer. Lucharían contra el frío, el calor, el hambre, la sed. El hombre estaría en un estado de pasmo y de magia. “Soy un hombre”. No tenía otro nombre y “hombre” es la palabra que usan los sabios para descifrar estas cosas. “Y en ese momento apareció el hombre”. Bien por el tiempo evolutivo de un mono adelantado, o por la voluntad de Dios.

¿Cómo fue el primer día del hombre, cuando ese ser con abuelos cuadrumanos se vio con el cuerpo desnudo, caminando derecho sobre sus pies y percibió la luz de su pensamiento?

Este importante suceso de que el mono llegara a hombre se dio en diversos puntos del planeta, y en todos los estudios que se ocupan de tan importante suceso se dice sencillamente “que apareció el hombre”. Y hombres hubo en todos los continentes, y mujeres y niños, hermosas palabras de igualdad, hermandad y buena familia.

Eran seres superiores por la luz de sus mentes, designados con una sola palabra: “hombres”.

Hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar ese día primero de la Humanidad sólo compuesto por hombres... y mujeres y niños, claro está.

Pero otro día los hombres dejaron de ser hombres y se convirtieron, complicando sus vidas en personajes raros, distintos, que colocan sombras en su luz, ésa que tan brillantemente lució el primer día en su cerebro.

Desde entonces ya no se dijo: “Es un hombre”, sino: “Es un griego, un romano, un egipcio, un galo, un ibero, un capitalista, un comunista, un nazi... ¿Dónde ha quedado el ser superior que por su luz mereció llamarse hombre? ¿No está con nosotros?”.

Tal vez se halle entre los pliegues de las diferentes banderas —que no son más que trapos de bonitos colores— y desde allí acecha a los que llevan diferentes estandartes, a éstos los llaman enemigos y desea matarlos.

¿Se encuentran los hombres entre las culebrinas de aquellos conquistadores que usaban este nombre en vez del legítimo de Hombre?

¿Se encontrará entre los leños donde agonizaban los que creían y rezaban de modo diferente a los que atizaban las hogueras?

¿En los hornos de los campos de exterminio?

¿En los laboratorios donde día tras días se crean métodos para acabar con los hombres que estorban?... Y aquí he vuelto a encontrar la palabra Hombre.

Hombre, sal de esos lugares, únete a los otros Hombres, vuelve a ser el que fuiste, brillante, valiente, bueno, te necesitamos, sálvanos.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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