Martes, 14 de Octubre 2025

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“Vox pópuli...”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS                

Sostener, a rajatabla, la veracidad axiomática del aforisma clásico “Vox pópuli, vox dei” (la voz del pueblo es la voz de Dios), raya, a veces, en la blasfemia. El perentorio “Crucificadle” de las turbas, en Jesusalén, en alusión al predicador acusado, precisamente, de blasfemia, sería el ejemplo perfecto. ¿Cómo podía sostenerse, en ese y en muchos otros casos en que los hechos dan la razón a Hegel cuando afirmaba que “El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere” y a Thomas Fuller cuando sostenía que “Las muchedumbres tienen muchas cabezas pero poco cerebro”, que detrás del alarido de la glebe inculta, carente de elementos de juicio para pronunciarse acerca de temas trascendentales, puede estar nada menos que la voz de Dios?...

-II-

El caso es que, so pretexto de bañar con la salsa de la democracia al debate sobre la reforma petrolera, se realizó, el domingo, en el Distrito Federal y en nueve estados más, una “consulta pública”. Al margen de la polémica adicional en torno al ejercicio en cuestión, al éxito o fracaso de la respuesta y al peso específico que pudieran tener los resultados en la resolución que tomen las cámaras con respecto a la iniciativa presidencial, la tolvanera que el asunto ha levantado tiene un valor de uso...

Si, en efecto, en los años recientes, México ha dado pasos significativos --cortos, si se quiere, pero seguros-- hacia la democracia, quizá convendría incorporar en la ley dos figuras usuales en los regímenes democráticos: el plebiscito y el referéndum.

Con diferencias de matiz, se trata, en ambos casos, de consultas que los poderes públicos someten al voto popular directo, para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, continuidad de un gobernante en su cargo, etc.

-III-

Cuando se plantea extender a cuatro años los mandatos para los munícipes, o permitir la reelección de alcaldes o diputados; cuando se propone que los partidos políticos reciban más subvenciones del erario, el pueblo debería tener la posibilidad de decidir... Al final de cuentas, son los ciudadanos quienes disfrutan los beneficios o sufren en carne propia los perjuicios de las decisiones que en esas materias se toman.

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