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Domingo, 17 de Febrero 2019

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Votar y botar

Por: EL INFORMADOR

Economía y fisco

Con qué gusto emitiríamos nuestro voto si pudiéramos revocarlo. Los candidatos, una vez ungidos, se relajan y disfrutan de sus soberbias remuneraciones. Si pudiéramos aumentar las causas de destitución que en forma escueta previenen las leyes; si no cumplir las promesas de campaña fuera una de esas causales. Si el enriquecimiento inexplicable se castigara con la destitución, nuestro voto valdría el esfuerzo si pudiéramos botarlo.

Mientras nuestros sueños se vuelven realidad, pisemos firme y votemos por aquel candidato que conteste algunas preguntas. Tratándose de los aspirantes a las presidencias municipales: ¿Va usted a formar su equipo con los mejores hombres idóneos para el puesto? ¿O va a seguir la tradición de acomodar a compañeros de banca, amigos íntimos, parientes, recomendados y oportunistas que están “puestísimos”?

¿Si sus colaboradores no le responden, los va a cambiar, o los va a sostener para demostrar su poder y autoridad? ¿Va usted a adelgazar la burocracia, suprimiendo drásticamente las plazas improductivas e innecesarias, o va a continuar con el proceso de colocar a su equipo sin hacer una limpia para no crear enemistades? ¿Va usted a disminuir el gasto corriente eliminando las partidas para viajes, gastos suntuarios, custodios, pensiones improcedentes, macro sueldos y obras con costos inflados? ¿Va a combatir la crisis con austeridad en el gasto, o va a continuar con el boato, el dispendio y el despilfarro? ¿Implantará un programa de control de la corrupción?

Las posibilidades de que resulten electos los mejores hombres aún están lejanas, la democracia es una meta a la que aspiramos alcanzar. No es posible aplicarla en un país con tantas disparidades económicas como México, con tan variados grados de cultura y desarrollo. En las auténticas democracias son las mayorías las que imponen su criterio, y en nuestro país las mayorías son las menos preparadas culturalmente; los más pobres y los menos capaces para opinar conforman una masa fácil de manejar con promesas populistas y utilizando los medios masivos de comunicación: radio y televisión, porque poco o nada leen. La demagogia hace creer al pueblo que lo que piden es posible. Las promesas de campaña son las mismas desde hace decenas de años. No se le habla con la verdad, no se le ubica en la realidad y se le orienta para que salga de su estado de pupilo. Las leyes mexicanas propician un Estado paternalista que le quita competitividad al individuo y lo convierte en masa. Muy conveniente, porque la masa es más maneja
ble para los intereses electorales.

Necesitamos líderes honestos, clarividentes, capaces de hacerse escuchar aunque no prometan nada, que hablen con la razón y la sepan transmitir. No es sacrificando los intereses de la nación que se debe ganar la voluntad del pueblo, sino hablándole con la verdad. El papel del líder no es el de darle al pueblo lo que pide, si no el de corregir sus deseos y ubicarlo en la realidad de lo posible.

LUIS JORGE CÁRDENAS DÍAZ / Contador Público Certificado.
Correo electrónico: luisjcardenas2@hotmail.com

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