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Miércoles, 16 de Octubre 2019
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Visión y decisión

Por: EL INFORMADOR


Los recursos naturales son privilegio y destino. En la globalización que nos toca el privilegio de vivir, su exploración es un deber y su explotación un derecho que se debe, mas no siempre se sabe ejercer. La paradoja es: zona rica en recursos, pobre su población.
 
Reforma del Estado

La extracción de los recursos no siempre coincide con la prosperidad de sus propietarios herederos por nacimiento, que ven el río caudaloso y desierto en la ribera. El científico como descubridor del recurso tiene el mérito, pero el beneficiario es quien tiene el talento para encauzarlo. El mejor refresco es aquél cercano en el momento oportuno, gracias a la infraestructura de la distribución.

El lector habrá encontrado el sentido de estas líneas. Nos favorece el clima y el circunstancial privilegio de ubicación geográfica al sur de la población con mayor poder adquisitivo y vocación viajera, pero no alcanzamos liderazgo en turismo; contamos con reservas de petróleo, pero importamos uno de cada dos litros de la gasolina que consumimos en los vehículos.

No somos la excepción de la regla, como sí lo es Noruega, que destaca en buenas prácticas económicas. Su petróleo genera 20% del Producto interno Bruto y 45% de sus exportaciones; la empresa es pública con parcial participación privada, y con sensatez ha previsto el agotamiento de sus recursos, creando paralelo un fondo estabilizador de 150 mil millones de dólares.

Botswana y Malasia son ejemplo de extracción y aplicación de recursos al desarrollo, con gobiernos democráticos reductores de la corrupción y estabilizadores de la economía con sentido responsable respecto a la transitoriedad de la bonanza y la obligación de mantener las bases de prosperidad para las generaciones siguientes.

Los reproches hacia los países desarrollados pueden ser justificados por el apremio, pero las causas residen en la imprevisión tampoco recuperable. Vistos los escenarios ante las elecciones a menos de un mes, se impone el diálogo político en el Congreso federal hacia la improrrogable Reforma del Estado, con asimilación de experiencias y observación de condiciones impuestas por la globalización en torno a salud, alimentación, educación y revisión reflexiva de las normas en materia laboral.

La comunicación es precursora de la transparencia incluyente del empleo de los recursos. Los medios informan de capacidades y comportamiento que se convierten en exigencias y reclamos. Las promesas dejaron de ser las dádivas graciosas de los servidores públicos propuestos y expuestos a la preferencia, indiferencia o rechazo. En la agenda legislativa se asienta el respeto al mandato y su potencial revocación que conlleva responsabilidad.

Hay una interpretación coherente y actualizada de la democracia. Ni aquélla de la antigua Grecia, ni la inscrita en el discurso demagógico. La democracia es mandato exigente de resultados sobre propuestas y promesas de los mandatarios, para quienes dejó de ser fácil la manipulación desde las esferas legislativas o gubernamentales en todos sus niveles.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx

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