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Sábado, 23 de Febrero 2019

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Visión y decisión

Por: EL INFORMADOR


Comprender las causas del momento crítico que nos toca vivir nos acercará al encuentro de soluciones. La influencia del quebranto financiero norteamericano habría de afectarnos, porque nuestra exportación depende de sus adquisiciones en 90%; requieren menos mano de obra y consecuentemente tendremos menores ingresos por ese concepto, y adicionalmente se ven en la necesidad de reducir viajes de norteamericanos al exterior, incluyendo pensionados.

La influencia de la influenza

La pérdida de confianza interna es el pasivo mayor del tejido social. De su recuperación depende alcanzar la del exterior. Fuerzas de comunicación se encargaron de difundir la amenaza a la salud al visitar México. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio el aval en términos que nos dejaron fuera de competencia, principalmente en el campo turístico.

La cuarentena pasó y entramos en la fase de recuperación, no cabalmente entendida y menos atendida por los aspirantes a puestos de elección popular. Imaginemos que el mismo entusiasmo por emitir promesas se convirtiera en argumentos convincentes de trabajo para regenerar la confianza al interior y del exterior. De esta forma se aceleraría nuestra recuperación estimulando la productividad y confianza a la inversión.

El desánimo es un germen con mayor poder destructivo que la influenza. Su efecto económico está matando el espíritu de lucha, visto como imprescindible ya desde antes de aparecer la A H1NI, y las campañas políticas de efectivo lucro al incrementar un escenario de desastre y pesimismo.

El rezago educativo, de alta rentabilidad en el ámbito político, dejó sin enseñanza a casi 30 millones de educandos durante tres semanas. Una vez más apareció el maquillaje simulador de las fracturas en la base para el desarrollo. Nadie vendrá a instruir a niños y capacitar jóvenes para la competencia en la vida global que les espera. El error es culpar y esperar de otros lo que no hagamos por nosotros.

Los tiempos son los mismos, pero con mayor actividad se esfuman en el tráfago del conocimiento y la tecnología. El día perdido no tiene reposición, y el atraso invisible para la clase política actual es el peor reproche que puede tener en su tránsito hacia el poder; éste empleado en discursos estériles y discusiones miopes.

La crisis llegó para estacionarse y elevar el nivel de los rezagos económico y educativo, que al fusionarse producen el efecto de incertidumbre, desconfianza e incredulidad en más de 100 millones de pobladores que no vemos la certeza de una salida, y a cambio, el peligro de la desesperación.

El pesimismo es oportuna advertencia sobre el engañoso optimismo que alberga la perversa mentira para el sustento estéril de fuerzas contribuyentes al final del debilitamiento.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx

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