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Miércoles, 14 de Noviembre 2018

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Visión y decisión

Por: EL INFORMADOR


Tarde, muy tarde han descubierto los empresarios la ausencia de una banca mexicana, por añadidura ajena a los intereses nacionales. Por consiguiente el término nacional en cuanto a la banca, poco o nada tiene qué ver con México.

Esta es la oportunidad

Mucho se ha dicho y denunciado acerca de los elevados intereses cobrados por los bancos extranjeros, con ejemplos fielmente seguidos por los llamados mexicanos cuyo volumen comprende menos de 15% de la banca en México. La tasa de intermediación es evidentemente alta y desproporcionada con los estándares internacionales, y la defensa al usuario es letra muerta, obviamente ignorada por parte de la Comisión Nacional de la Defensa a los Usuarios de Servicios Financieros -Condusef-.

Ahora que a nivel internacional se exponen los actos especulativos de los descomunales consorcios, sobresale la oportunidad de regular el comportamiento de los bancos, aunque de antemano se contempla difícil el encuentro a una solución local cuando el problema es mundial y la deuda de México confina la autodeterminación.

En Jalisco el acuerdo para el Fortalecimiento de la Economía y el Empleo firmado por el Gobierno del Estado, encabezado por el señor licenciado Emilio González Márquez y los empresarios, tiene toda la buena intención de superar las dolencias económicas de Jalisco, pero está fuera del control local la participación de los bancos, por la distancia que media entre los funcionarios en el Estado y los altos mandos internacionales donde nuestra Entidad es un diminuto punto en el horizonte financiero y el contexto de las propias circunstancias en este sector fuera de control.

La iniciativa empresarial de una banca estatal es un proyecto maravilloso y de lograrse, realmente sería un ejemplar retorno a los tiempos en que los banqueros jaliscienses daban pasos congruentes, de asistencia al desarrollo con sentido auténtico de unidad y respaldo a los proyectos emanados del poder público, que aún con la inserción política llevaban el criterio de aprecio a necesidades, aspiraciones, posibilidades, acciones y reacciones de la sociedad. Estos atributos están diluidos por la división e intereses comprometidos con fórmulas de sectores con precaria estabilidad.

La inflación, cercana al seis por ciento y el crecimiento inferior al tres, nos habla del espacio entre dos realidades que no puede ocultar el proyecto virtual del 2009, plagado de insuficiencia al contemplarse en cifras oficiales optimistas un crecimiento inferior al dos por ciento.

La cereza del pastel en el escenario político–económico de México y de Jalisco, son las elecciones intermedias que aparte de costosas denotan la falta de control con deterioro del Instituto Federal Electoral, que fuera uno, si no el único, de los pocos organismos confiables hasta las elecciones de 2006 en que su entonces presidente, Luis Carlos Ugalde, con su demora en anunciar triunfador presidencial, hizo todo lo virtualmente imaginable para sembrar duda de autenticidad al resultado de los comicios y cuyas consecuencias aún se proyectan en la administración gubernamental. Ante la concurrencia de tantos elementos distractores de un funcionamiento social idealmente sano, sólo cabe esperar cordura de los rectores de la sociedad.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx

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