| Visión y decisión Por: EL INFORMADOR 19 de junio de 2008 - 23:00 hs La credibilidad es un bien preciado y costoso, puesto que no se compra y es fácil de perder, porque tampoco existe fórmula que lo asegure. La precipitación científica y su aplicación tecnológica pudieran ser las causas y hasta justificación para posponer el reto de creer en todo cuanto la comunicación nos trae proveniente de todo el mundo. Creer o no creer, es la cuestión Con perdón de Shakespeare, deambulamos por el océano de notas informativas cuya superimposición impide digerir el pasado, aplicarlo al presente y proponer el futuro. Bajo el imperio de la confusión, que apelando al refrán popular sería “a río revuelto ganancia de pescadores”, se impone la creación de un freno, o al menos la disminución del escándalo para reflexionar. Los diputados y funcionarios públicos han caído en el más profundo descrédito al abordar el tema de la reforma energética —realmente de Petróleos Mexicanos (Pemex)—, al romper con el mínimo principio de hablar de lo que se sabe, al antes de pronunciarse a favor o en contra con argumentos técnicos antes que políticos. ¿Cuál diputado conoce las profundidades a que se encuentran los yacimientos de petróleo, las técnicas aplicables para su extracción, el costo, el beneficio y, sobre todo, cuánta vida tiene el petróleo con el valor que hoy le concede su empleo en automotores? En ese contexto resulta risible y penoso que haya —por respeto a la política editorial de este medio, no menciono el nombre— quien se atreva a proponer “consulta pública”, como si se tratara del precio de los tacos en la esquina. Y aún en eso habría que pensarlo dos veces. Noticias así nos dejan en el ridículo internacional —que sería lo menos—. Realmente el daño es a la credibilidad vulnerada por el vacío de los conceptos donde sólo se percibe la búsqueda de dinero, mucho dinero, a los partidos políticos que idealmente debieran ser autosuficientes para su manutención y así alcanzar su autenticidad. ¡Nada de subsidios! Ésa es la fórmula para alcanzar el respeto generador de la credibilidad. El antecedente histórico es conocido: la ley que desamortizó los bienes de la Iglesia. El presente globalizador ofrece, si no idéntico paralelismo, sí los ejemplos de ruptura con lo establecido ante la necesidad de rescatar la credibilidad en las instituciones y con ella fortalecer la confianza para lograr el apoyo de la población. De por medio está la seguridad amenazada por el comportamiento de grupos delincuentes que se dicen organizados y poseedores de instrumentos potencialmente dispuestos a expresar su inconformidad con el estado actual y provocar la ingobernabilidad. La iniciativa tiene el sólido soporte de la mayoría de la población ansiosa de mejorar sus condiciones de vida. El patrocinio a los partidos políticos debe desaparecer y con ello se sustentará la confianza y credibilidad. Dios nos guarde de la discordia. CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación. Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones