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Sábado, 16 de Noviembre 2019
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Visión y decisión

Por: EL INFORMADOR

Para no caer en el feo tema de los energéticos y su defensa legislativa centrada en el bien natural del petróleo, su exploración, extracción y explotación, es mejor pensar en la electricidad de la cual somos dependientes mayor número de mexicanos.

La fácil complejidad

Este mes nos ha tocado cambio de horario con la razón supuesta de ahorro de energía, que a su vez teóricamente habría de reflejarse en el monto del recibo mensual, cosa difícilmente comprobable por el alza de tarifas, escalas de consumo y disparidad en el consumo mismo en el empleo de aparatos electromecánicos o simplemente domésticos.

Es incuestionable el empleo del uso de energía bajo parámetros de diferentes imperativos en constante evolución. Los seres humanos hemos cambiado hábitos en los últimos 25 años, como no lo habíamos hecho en igual número de siglos. El tiempo sigue siendo el mismo, aunque con diferente empleo. Así vemos reducido el espacio para dormir, divertirnos, atender a la familia, el deporte, leer y más, de acuerdo a usos y requerimientos particulares.

Dedicamos más tiempo a la transportación, a la información, la comunicación y el entretenimiento. En el caso de la mujer, el cambio es aún más dramático y eventualmente traumático, al enfrentar responsabilidades anteriormente exclusivas del hombre. Ella comparte hoy obligaciones económicas, cuando no las absorbe íntegramente.

Éstos y muchos factores más inciden en el empleo de energéticos, a la vez que fusionan tiempo y energía en un intangible más volátil, bajo la exigencia de tareas reguladas por calendario, reloj y computación programada de manera perentoria. No es que el tiempo se acorte, sino que su empleo tiene mayor intensidad.

Todo reclama mayor precisión, si queremos estar y ser parte del mundo contemporáneo. Contemplado de manera social, el tiempo es energía, aplicada o desperdiciada, contaminante o contribuyente al saneamiento ambiental. El cambio de hábitos tiene vigencia, aún no bien apreciada en la aplicación y consumo de todo tipo de energéticos; es exigente aplicación de puntualidad no como una simple formalidad de educación; es la obligación de respetar el tiempo y energía de los demás, reflejada en la productividad de la sociedad toda. Más que un lujo, la puntualidad es un requerimiento ineludible que modifica paulatinamente las costumbres de comportamiento en las personas.

En la simpleza de la etiqueta social se consideraba refinamiento llegar tarde. Hoy es calificada como auténtica lesión, y la norma es más estricta en cuanto a las citas de negocios o viajes, donde puede significar pérdida o ganancia de la oportunidad conducente a elevar nuestro nivel particular de ingreso y, por consiguiente, a calidad de vida.

Las circunstancias cambiaron y siguen cambiando, como los adelantos que impone la ciencia y aplica la tecnología. Por esto, también, los jóvenes tienen una percepción diferente de la vida y su ritmo, acentuándose diferencias con los adultos mayores de 25 años, a quienes tocó vivir un ritmo de existencia diferente y quizá más placentero en cuanto al uso de tiempo y energéticos; no por ello mejor o peor.

Dios nos guarde de la discordia.

CARLOS CORTÉS VÁZQUEZ / Consultor en comunicación.
Correo electrónico: sicpm@informador.com.mx

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