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Viernes, 19 de Octubre 2018

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Violencia en la escuela

Por: EL INFORMADOR


Es cada vez más frecuente encontrarnos con muchachos que sufren con la violencia en las aulas de clase, que quizá siempre ha existido, y peor aún, promovida por los mismos maestros. Pero hoy en día, es un tema cada vez más sensible y menos tolerado.

El que les pongan apodo, se critiquen, se discriminen, devalúen, se les despoje de sus pertenencias, se les insulte o castigue, es una manera de ejercer la violencia hacia los mismos compañeros, o de los alumnos a los maestros, o viceversa.

Los tiempos de la "letra con sangre entra" han quedado atrás en la era de los derechos humanos y del rechazo a toda forma de abuso y ofensa.

El daño psicológico y físico que se produce a un muchacho afectado por las burlas de sus compañeros, le puede perdurar a lo largo de toda su vida.

He llegado a conocer a jóvenes heridos en su infancia por los compañeros enfadosos, con verdaderos deseos de venganza o con sentimientos de pérdida de autoestima que no los han dejado crecer ni realizarse.

Si bien es una lucha entre los fuertes contra los débiles, entre los inteligentes y estudiosos, frente a los flojos e irresponsables, el ambiente de pleito, provocación, agravio o maltrato, es una realidad en las escuelas de nuestros hijos.

Muchas bajas de calificación son debido a que el alumno de plano no se siente respetado, ni incluido por sus compañeros. Día a día siente que va a un campo de batalla, donde el miedo es su único acompañante, con la seguridad de que una vez más está sólo y perderá el combate. Nadie lo entiende, ni mucho menos lo apoyan y defienden.

Las mismas autoridades no saben lo que pasa entre los propios compañeros. Simplemente no lo perciben ni se dan cuenta. El dolor de los agredidos se vive en el silencio y en el anonimato.

El típico gordito orejón, el flaco con lentes, el negrito, el cabeza de tornillo, el patotas, la de pelo de zanahoria, la fresa acomplejada, el tesorito de mamá y, en fin, la lista de caracterizaciones y etiquetas que se multiplican en los salones de clase, son agresiones directas al propio cuerpo, a los defectos o a las señas particulares.

Criticados, molestados, sujetos a todo tipo de burlas y humillaciones, los alumnos afectados por la violencia escolar no pueden crecer en un ambiente sano y propicio para su adecuada seguridad y autoestima.

Ya no digamos la violencia directa, ejercida por los que se sienten más poderosos, egresados de academias de artes marciales o simplemente mejor dotados físicamente.

El ambiente de agresividad debe termina, y los primeros que tienen que dar el ejemplo son los propios maestros. Ellos también tienen que aprender a respetar.

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.

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