Martes, 02 de Diciembre 2025

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Vacío educativo

Por: EL INFORMADOR


A la pregunta ¿quién te educa?, los niños y jóvenes de antes solían responder que sus padres o sus profesores. Hoy en día, aún si respondieran en ese tenor, seguramente estarían mintiendo. En nuestro tiempo no es fácil saber quién educa a la sociedad, pero advertimos que las nuevas generaciones han ido relegando a las instancias que históricamente fungieron como las educadoras fundamentales, a saber, la familia, la escuela y la Iglesia, asignándoles nuevos roles en el quehacer social, roles más pragmáticos que educativos.

Primeramente debemos recordar que la educación no se reduce a la mera transmisión de técnicas o conocimientos para adquirir habilidades orientadas a la sobrevivencia material; en su sentido clásico, educar es construir un ser humano a partir de su inteligencia, voluntad y sentimiento; por lo mismo la educación persigue desarrollar todas las capacidades humanas para que la persona resultante pueda desarrollar una existencia humana plena y feliz, en relación consigo misma, y con su entorno físico y social, sustrato que respalda y garantiza su ejercicio laboral. De poco nos sirven profesionistas exitosos como tales, pero fracasados como personas. La educación que previene el fracaso humano se ha transmitido como un saber de sabiduría desde los saberes y experiencias de la familia, fortalecidos por las otras instancias educadoras arriba referidas.

En nuestro presente la familia comienza a ser visualizada sólo en términos de subsidiaridad económica: casa, comida, ropa, dinero, pero cada vez menos como transmisora de valores o principios a los que deba sujetarse la conducta de los hijos. Dependiendo de la edad, de la escolaridad y del grupo social, se ha desencadenado un serio proceso de desvinculación familiar frecuentemente visto no como un problema, sino como un ideal a alcanzar, aduciendo en su favor la actualidad que tal fenómeno tiene en las sociedades europea y norteamericana.

Entonces ¿quién suple a la familia en la educación transmisora de valores, o qué nuevos valores se transmiten al margen de la familia? Todo apunta a los modelos sociales que son transmitidos hasta el cansancio a través de las típicas pantallas contemporáneas: internet, televisión y video. Lo que los muchachos ven en películas, series televisivas o páginas de todo tipo, lo socializan luego en sus ambientes de esparcimiento, de encuentro o convivencia y de este modo nace una nueva forma social que por sus primeros resultados está siendo desastrosa, y no da visos de poder mejorarse en el futuro.

¿Y los nuevos valores? La pregunta encierra un cierto eufemismo, pues no es fácil aplicar el calificativo de “valor” a toda novedad que se invente; ya lo sabemos, ni todo valor es valor por viejo, ni toda novedad es valiosa por ser nueva; su calidad se cala en la experiencia humana del día con día, es ahí donde podemos advertir si la deslealtad interesada, el egoísmo pragmático, el aislamiento cibernético, las relaciones humanas reducidas al intercambio eventual de satisfactores, la desvinculación familiar, la indiferencia social y tantas otras conductas actuales, pueden ser llamadas “valores”.

ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO / Licenciado en Historia.

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