| Vacaciones Por: EL INFORMADOR 11 de julio de 2008 - 23:00 hs Bonita palabra, vacaciones. Por todo lo que en sí lleva. ¿A dónde iremos? ¿A la playa, al campo, a la montaña, a visitar a los parientes lejanos? Los niños han terminado sus clases y han pasado al curso siguiente con regulares calificaciones. Merecen este premio del viaje que llena los aeropuertos y terminales de autobuses de viajeros impacientes por salir, por dejar las grandes ciudades tan problemáticas. También es una vacación para esas ciudades tan llenas de gente, autos y conflictos. No todos los que desean partir en vacaciones pueden. Miran su bolsillo y, aunque el Monte de Piedad resulte una ayuda, deciden quedarse en casita. —Llevaremos a los hijos al parque y al cine, a casa de otros amigos. Y mientras los padres deciden eso y los niños protestan, no comprenden, los mayores recuerdan vacaciones pasadas junto al mar, en plena Sierra, en un hotel del bosque. Mi amiga Lupita —tal vez este año no viaje por, su economía a la baja— ha estado buscando entre sus recuerdos cuál fue su mejor vacación. Sin pensar mucho, uno cree que el periodo vacacional lo es de descanso, es decir echarse en una tumbona y dejar que el tiempo pase. Eso es aburrido. Lo que proporciona descanso es el cambio de actividad. “Vamos a correr... a subir a esa loma... a recolectar zarzamoras... a nadar en el mar... en el río...”. Pensando así, recordando, Lupita dio con una temporada vacacional en un pueblecito de la Sierra. Cierra los ojos y se ve nuevamente en aquel chalet en medio de un jardín con árboles altos y bancas cómodas donde sentarse a leer, observar y pensar. Cerca estaban los pinares invitando con su aroma: “Ven”. Lupita fue a acariciar esos árboles que soltaban sus hojas como agujas y mostraban sus primeras piñas, promesas de ricos piñones. ¡Qué felicidad subir despacio la loma y sentarse apoyada en un pino como respaldo, aunque el asiento no resultara muy cómodo por los inesperados pinchazos de las hojas-agujas! Todas la mañanas iba a saludar a los árboles, llevaba un libro consigo, pero no lo abría, escuchaba el rumor del pinar y traducía las interesantes palabras que ella imaginaba se decían un pino a otro, altos como eran solían contar lo que veían a lo lejos. Con los ojos cerrados Lupita se siente en ese pinar, lejos, lejos. Han debido de verla sus nietos y han deseado unírsele. - Abue... abue. Lupita se dice: “Qué bien, pasearemos juntos”. Abre los ojos y se da cuenta de que no está en el bosque, sino en la casa, frente al televisor. Ha soñado con el tiempo pasado. Y el mayor de los nietos explica: “Que si vamos de viaje. Papá tiene unos ahorros y nos invita a unos días en la playa... Dice que cerca hay un bosque, creo que de pinos. Te gustará”. GABRIEL PAZ / Escritora. Correo electrónico: macachi809@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones