Jueves, 23 de Enero 2020
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Una historia en la que falta la justicia

Por: EL INFORMADOR


Una historia real contada 30 años después: Al triunfo de la revolución cubana, la CIA y la Iglesia Católica implementaron, entre las familias de clase media y alta, la “Operación Peter Pan”, que consistía en infundir temor entre los padres por la supuesta amenaza de que los dirigentes del Gobierno les arrebatarían a sus hijos para recluirlos en campos de concentración educativos. Se dice que por lo menos 14 mil niños cubanos fueron separados violentamente de sus familias y enviados al extranjero a las comunidades de emigrados. La reunión de nuevo de las familias fue un proceso largo y doloroso y en algunos casos, no lograron verse de nuevo.

Ésta fue una tragedia sin bajas aparentes, pero que causó un profundo daño a gran parte de la sociedad cubana. Y los niños, muchos de los cuales vagaron por casas e instituciones sin encontrar acomodo, hambrientos, maltratados y enfrentados a una cultura y un idioma distintos, quedaron marcados para siempre por el abandono y la soledad.

Éste es un episodio de esos niños que una vez hechos hombres, buscaron remediar el mal y por ese motivo, uno de ellos fue asesinado, sin que hasta la fecha sus asesinos, conocidos de todos, hayan pagado por su crimen: a sus 25 años, Carlos Muñiz Valera había logrado reunirse con su madre en Puerto Rico, en donde trabajaba y estudiaba; él y sus amigos de generación decidieron tender puentes de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos por medio de una Agencia de Viajes: Varadero, con la que organizaban travesías para reunir a las familias separadas.

Era el 28 de abril de 1979 cuando Carlos se dirige a su trabajo y recibe varios disparos desde un auto en movimiento, muere instantáneamente. Dos días después, por una emisión radiofónica, un comando se adjudica la ejecución de Carlos, el motivo: su violenta oposición a todo trato pacífico con la isla.

El 21 de diciembre de 1978 había viajado el primer grupo de 85 cubanos de Puerto Rico a Cuba, vía Miami y Kingston, Jamaica. El interés de reencontrarse con la familia y con Cuba reunió a tres mil cubanos de una población estimada de 22 mil, quienes viajaron a Cuba en el primer trimestre del programa. Los grupos paramilitares respondieron con asesinatos y bombazos, pues era un hecho que amenazaba su existencia.

Publicaciones y agencias de viajes fueron el primer gran rompimiento de la imagen monolítica de una comunidad cubana en el exilio, rabiosamente contrarrevolucionaria. Ahora, surgía una opción que había sido reprimida por los grupos terroristas que agredían a quienes se opusieran a su visión belicista.

La investigación sobre el asesinato fue un fracaso deliberado. Producto de indagaciones posteriores, se consideró que los conspiradores del asesinato fueron José “Pepe” Manuel Canosa Rodríguez, Waldo Pimentel Amestoy y Julio Labatut Escarra, quienes murieron entre 2005 y 2007, sin que pudieran ser llevados ante la justicia.

Los sospechosos de ejecutar el crimen aún viven y fueron identificados por el gobernador de Puerto Rico en una carta a Barack Obama: José Dionisio Suárez; Reynol Rodríguez González; Pedro Crispín Remón Rodríguez. Los encubridores fueron dos policías y un senador puertorriqueños. Todavía se espera a la Justicia.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico: marthaggonzalez@yahoo.com.mx

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