Jueves, 23 de Enero 2020
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Una apología para Mario Ruiz de Chávez

Por: EL INFORMADOR


“… Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu aventura
despierta y transparente a la divina lumbre,
como el diamante clara, como el diamante pura...”

Era, simplemente, un mexiquense por arraigo y convicción, con carisma como ingrediente fundamental de un político moderno, porque Mario fue eso, precisamente, un político fiel a sus principios, como hombre de su tiempo y de la época que le correspondió vivir y actuar.

No obstante su condición social, su estirpe de gente bonita, siempre se vio inclinado a luchar desde la plataforma de su partido político, al que fue siempre leal, en defensa de “los mal vestidos”, de aquellos a los que la Revolución aún no les hacía justicia y que había de darles un pan de acuerdo con su hambre y sus necesidades; es decir fue un luchador social que pugnaba por convertir en realidad aquello que fue bandera de una época, de un estilo de gobernar, y emblema de un régimen, la justicia social. Es decir, peleaba por las ideas eternas: la verdad, el bien, la justicia, la belleza.

Porque Mario, fue precisamente un idealista, un revolucionario, un político que actuaba, que luchaba por los cambios, porque las bases, es decir, el lumpenproletariado lograra efectivamente un mejor sustento.

Conocimos a Mario, en aquellos tiempos en donde aún flotaba en el ambiente sociopolítico un destello de esperanza que tendía a convertirse en algo positivo. Era, así lo recordamos, un hombre joven, abogado de profesión, integrante de un grupo de profesionistas revolucionarios que formaba parte de aquella plataforma en donde militaban, entre otros, Moya Palencia y Pedro Ojeda Paullada.

Sin embargo, como residente de una colonia ubicada en el municipio de Naucalpan, ahí logró tener poder de convocatoria, y así integró un grupo que puede considerarse como el grupo Naucalpan, con injerencia más bien puramente regional.

Grupo, pues que llegó a tener, al menos en la época, importancia, y que logró establecer alianzas con el legendario grupo Atlacomulco.

Era, un político brioso, aguerrido, de palabra cálida y trato afectuoso, y recordamos a menudo, aquellas giras electorales por todos y cada uno de los recovecos de Naucalpan, verdadera hidra de muchas cabezas y de muchos intereses, siempre afectuoso, siempre con la sonrisa en los labios, siempre con la palabra adecuada para motivar, para convencer, para cumplir.

Él y otros integrantes de ese grupo lograron sus propósitos políticos y sociales, como Agustín Leñero Bores, como Juan Monroy Pérez, fue presidente municipal de Naucalpan y diputado local por ese mismo distrito.

Era un hombre siempre alegre, gustaba de tocar la batería en los momentos de disipación, en las tertulias que organizaba para tener respiro de las fatigas de la política.

Al fin de cuentas, después de haber cumplido sus propósitos, sus anhelos, sus metas, incursionó en el periodismo, y se hizo académico, impartió clases en la ahora Facultad de Estudios Superiores de Acatlán... Ahora podrá decir, escuetamente, tarea cumplida…

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx

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