Domingo, 02 de Noviembre 2025

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Un ser humano excepcional

Por: EL INFORMADOR

En memoria de Rodolfo

Escalador de montañas y de los escollos de la vida; caminador incansable, inventor y constructor, dejaba las cosas cuando se volvían sencillas, cuando significaban ataduras a la libertad de su espíritu.

Era un trabajador más del Hospital Civil, pero era la persona más importante de su área. No, no tenía ningún puesto, sólo un carácter excepcional. Llegaba de madrugada a checar su tarjeta con una sonrisa y dando las últimas bocanadas a su cigarrillo encendido que, atento a las normas, tiraba antes de entrar. Ya no fume, que le va a hacer daño, le decían con afecto sus compañeros. Uno vive lo que ha de vivir, respondía tomando con cuidado la cajetilla que guardaba para la hora de la comida. Tenía a su cargo una sección: medir, medir todos los días… medir y contar, contar y medir… un área donde el tedio da paso al aburrimiento, y justo por eso se volvió un reto para él. Debe haber otras formas, decía, hasta que logró reformar las formas… las formas de contar, las formas de registrar… y  en la insistencia de lo que funciona en la cotidianeidad logró convencer a la cortedad de la burocracia.

“Qué pasiones, muchachón, ánimo, que la vida es bella”, les decía a sus compañeros cuando algún problema los aquejaba; ánimo, les decía, al tiempo que les hacía patente su solidaridad, ese afecto tan escatimado en estas épocas de soledad.

Lo conocí cuando tenía 12 años, él me llevaba sólo dos, pero me parecía que lo sabía todo. Eran los años del rock and roll y no había nada que no hiciéramos juntos, tomar un helado, ir al cine, todo con las manos unidas y el corazón anhelante. Yo había perdido a mi padre y él tomó su lugar como un novio paternal que en el valor que le daba su adolescencia, sin haber aprendido a cuidarse, cuidaba de mí. Y llegaron los 15 años, las primeras flores, los suspiros y el primer beso… tan inocente y sin embargo con la intensidad de la vida. Las dos familias lo daban por hecho: éstos se casan, decían… pero si apenas tienen 19, alegaban los más razonables… Éstos se casan, y pronto, respondían los que más sabían. Pero la vida tiene malabares que nos toman por sorpresa. Ella fue llevada a España, él se quedó; cuando regresó habían formado cada uno su familia.

Luego, el reencuentro, la posibilidad de recuperar el tiempo arrebatado… entonces, lo enfrentaron todo y juntos lucharon tanto, primero con su conciencia, luego con los demás, y en un genuino sentimiento lograron rescatar un poco de vida: su vida… un poco de la profunda entrega que se habían prometido, que se habían ofrecido.

Pero el costo fue muy alto y terminó aniquilando lo que debió seguir… Al final, soledades y tristezas. Al final, de entre las cenizas la recuperación de sí mismo, y ahí donde muchos se pierden, él logró rescatarse con la fuerza vital que le llenaba para compartirla con los demás.
Al final, su entrega a la vida. Al final, su ejemplo y su recuerdo. Al final, el agradecimiento de haber compartido con él la vida, mi vida, toda la vida.

LOURDES BUENO / Investigadora de la UdeG.
Correo electrónico: lourdesbueno03@yahoo.com.mx

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