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Lunes, 21 de Octubre 2019
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Un personaje de La Pencil

Por: EL INFORMADOR


Giovanni, uno de los más asiduos parroquianos, ya no está entre nosotros. Un padecimiento maligno se lo llevó de manera rápida, casi, diríamos a la chita callando, en silencio, dejando una estela de dolor y de pesar entre sus amigos, sus cuates, sus “ñeros”, los de la flota de las calles del Mar de Irlanda, donde residía con su familia en enorme casona con rasgos arquitectónicos característicos de esa zona. Se fue Giovanni, otro gran gaitero de la cofradía entrañable de esa antigua cervecería, en donde siempre estuvo a gusto.

Porque, a decir verdad, La Gaita es más bien un lugar adecuado para convivir, para platicar con los clientes, aunque no los conozca uno y ¿por qué no?, para echar fuera la catarsis que nos atosiga, que nos abruma, que nos acosa, todo ello producto de una coexistencia social, paradójicamente aislada, solitaria, como sucede como en una ciudad tan grande y compleja como lo es esta urbe, la de México.

Por eso, seguramente, el bueno de Giovanni se encontró así mismo identificado en un lugar como ése, que además, estaba como se dice, a la vuelta de su casa, de su mismísimo cantón.

Ahora La Gaita sin Giovanni, sin su presencia cotidiana, ya no será la misma, porque formaba parte de ese entorno.

Pero a todo esto, ¿cómo era el buen Giovanni, el vecino de las calles del Mar de Irlanda —donde nació, vivió, se desarrolló y murió—? A decir verdad, al principio en su trato era hosco, reservado; al parecer inaccesible, pero después, al calor del ambiente se abría de capa, y se tornaba amigable, pero eso sí, radical en los temas de su plática de su palique, de su charla.

Al igual que nosotros nos decía que era salesiano, que había estudiado también en el viejo colegio ubicado en la Santa Julia, y que era por tanto, fiel a esos principios, saber conducirse de manera honesta en el transcurso de la vida.

Giovanni, en el tiempo y en el espacio, era el gran trasfondo peculiar de ese escenario suburbano. Personificaba a un individuo vivaz, mordaz e incisivo en sus asertos. Su figura, su perfil semejaba al de un contador o tenedor de libros o a un oficinista, con sus gruesos lentes, su rostro barbilampiño, su cuidado atuendo, con traje y corbata, semejaba un dómine a punto de exponer su cátedra.

La postrera vez que lo vimos, fue en agosto del año pasado, en ocasión de la presentación de ese lugar de nuestro libro sobre Tacuba y sus micro historias. La discusión fue álgida y aleccionadora.

Después, siguió el destrampe, pero con medida . Recordamos que al final lo acompañamos a su domicilio en las calles de Mar de Irlanda, y al despedirnos, nos dijo, melancólico, ¡Hasta pronto, amigo...!

¡Ah!, pero además, sus amigos los de La Gaita con motivo de su muerte, colocarían un cartel de despedida con palabras sencillas, afectuosas y cariñosas en la puerta de su domicilio de Mar de Irlanda...

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
http://www.economia.unam.mx

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