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Sábado, 19 de Octubre 2019
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Un milagro

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS            

Mario Benedetti se murió la semana pasada sin cobrar las regalías por el uso intensivo —sería muy generoso de su parte si el propio escritor uruguayo no considerara, desde la otra orilla, que se trató de un abuso—, aquí, de uno de sus más punzantes aforismos. De hecho, es una paráfrasis de una de las frases más sentenciosas de las “Coplas a la muerte de su padre”, de Jorge Manrique... Éste, después de observar “cuán presto se va el placer” y “cómo, después de acordado, da dolor”, concluye: “Cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Benedetti tomó prestado el concepto, le agregó una gota de amargo y, proyectándolo hacia el porvenir con todo el pesimismo —¿o realismo...?— de que fue capaz, lo dejó así: “Cualquiera tiempo futuro será peor”.

—II—

Por supuesto, la frase ha venido a la medida para infinidad de reflexiones con respecto a Guadalajara, entendida no sólo como un lugar físico, sino como el entorno que propició un talante, un estilo de vida, una manera de ser que se heredó de generación en generación... hasta que algo, repentinamente, sucedió, que acabó con todo. La Ciudad de las Rosas se convirtió, como si hubiera mediado el hechizo de una bruja perversa, en el paraíso del grafitti; la Ciudad Amable se transformó en una ciudad hostil; la ciudad con mañanas olorosas a “limpia rosa temprana” y con tardes lluviosas aromáticas “a pura tierra mojada”, sustituyó esas fragancias por pestilencias innombrables... Vaya: hasta bajó sensiblemente la producción de materia prima para versos como aquellos de “En el portal donde lucieron antes / celebradas bellezas tapatías, / encantos naturales de otros días / que aplaudieron artistas delirantes...”.

—III—

Coincide la muerte de Benedetti —quien conoció Guadalajara y aun llegó a calificarla como “muy agradable... sobre todo por la amabilidad de su gente”— con las noticias relacionadas con proyectos orientados a revertir el proceso de deterioro de la ciudad —incluidos sus cada vez más inabarcables arrabales—, consecuencia de su crecimiento anárquico, y de degradación de la calidad de vida de sus habitantes. Coincide con las buenas intenciones de sus actuales gobernantes... y el temor de sus habitantes de que ese buen deseo sólo ocurrirá merced a un hecho no explicable por las leyes naturales, atribuible a intervención sobrenatural de origen divino.

En pocas palabras: a un milagro...

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