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Viernes, 22 de Febrero 2019

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Un gen errante

Por: EL INFORMADOR


Tal parece amables lectores que las circunstancias nos ponen en la línea de las coincidencias y el paralelismo; se está difundiendo en hallazgo del genoma humano en donde se encuentran los factores del comportamiento. Hace unos 80 años que los investigadores en el área de los organismos vegetales establecieron la organoléptia que es, ni más ni menos, el conjunto de compuestos y la interacción de los mismos en el género vegetal; los genetistas vegetales así mismo encontraron en el trabajo en equipo con biólogos, botánicos y fisiólogos, que la suma de compuestos puede subsistir en un tipo de función homogénea o bien, ser alterada por influencias externas. Indudablemente un gran paso en el ámbito humano, que, lo llevará por el camino de entender mejor a la naturaleza; ya sabemos por el mismo dicho popular que “somos lo que comemos”, entonces, pues, en el futuro, el comportamiento social de las diversas comunidades humanas estará muy ligado a la agricultura, teniendo como factor de intermediación los productos de
l campo.

Los beneficios en la industria

Se ha venido hablando y mucho, de que la agricultura tiene la proyección de mercado en la industrialización de las cosechas; esto ha venido siendo una realidad muy independiente de programas de financiamiento politizados. Ya el ama de casa consume desde hace muchos años productos del campo industrializados para facilitarse principalmente el trabajo culinario, es así que, de la manteca de cerdo se pasó a la manteca vegetal y, desde hace unos lustros se utilizan los aceites llamados de cocina; son ellos de diferentes orígenes y, en esta colaboración para su página dominical, exponemos nuestro tema.

Un poco de historia

El descubrimiento de un producto de explotación agrícola completamente nuevo es algo muy raro en un mundo tan revisado como el actual. Encontrarlo escondido, insospechado, durante innumerables ciclos, en una de las plantas cultivadas desde la antigüedad, ciertamente es un suceso sin paralelo.

La planta es el cártamo, parecido a un cardo (chicalote), oriundo de una región de la vieja Armenia y casi desconocida para el Hemisferio Occidental, (estuvimos a cargo del cultivo de esta planta en Ciudad Obregón, Sonora), hasta que hace menos de 70 años que se hicieron los primeros ensayos comerciales satisfactorios en California. El éxito radica en la firmeza poco común de la planta para producir un tipo determinado de aceite.

Nadie hubiera previsto entonces que el cártamo podía convertirse en una cosecha doble. Sin embargo, debido a la laboriosa técnica de un agrónomo de la Universidad de California (nos ponemos de pie), se reveló finalmente la doble personalidad del cártamo. El resultado es el aceite vegetal ya muy utilizado en la actualidad, pero que en la época de su investigación y resultados captó la atención del mundo.

La historia del cártamo es muy interesante –creemos- sobre todo por su llegada al nuevo mundo, así que igualmente nos parece lógico empezar a relatarla desde sus antiguos comienzos. Esperamos, pues, la paciencia y el interés de nuestros amigos y productores. Después se podrá apreciar mejor lo que le sucede a este “cardo” venerable en su nuevo hogar a orillas del Pacífico.

No hay nadie que pueda comprobar cuando menos a la fecha 2009, la hipótesis acerca de su origen primario (recordemos que las semillas tienen un centro de origen, un centro de adaptación y un centro de distribución), pero lo más lógico parece ser que el cártamo es oriundo de las laderas del sur de las montañas del Cáucaso, en la región conocida, pues, como Armenia cercana al oriente de Turquía, al norte de Iraq y al sureste de Rusia. La ubicación geográfica va por cuenta de esta columna viajera. Muchos de los cultivos que se explotan hoy, proceden de la misma región. Aunque algunas autoridades en la materia opinan que el cultivo de la planta que nos ocupa se inició en Abisinia y Afganistán.

De cualquier forma, el cártamo se extendió de su lugar de origen hacia el este a la India y hacia el oeste al Valle del Nilo; los fósiles más antiguos (encontrados en Egipto), indican que no ha cambiado esencialmente desde entonces.

Parte de su sistemática

Es una planta herbácea, erecta, anual, que pertenece a la familia de las compuestas, en la cual también encontramos al diente de león, la margarita y el áster. Crece hasta una altura de aproximadamente 90 cm., tiene hojas espinosas semejantes a las de nuestro chicalote y su raíz principal penetra en el suelo hasta una profundidad de dos a tres metros en busca de agua, lo que le permite crecer en tierras áridas. Forma racimos de flores de 1.25 a 3.75 cm., de color amarillo, anaranjado y hasta rojo brillante y el fruto es una bolsa o cápsula de semillas alargadas de menos de 1.25 cm., de longitud. Esta planta de los desiertos, poco atractiva, probablemente hizo dudar al hombre antes de que éste intentara encontrarle alguna utilidad. Esto mismo debió pasar con el zapote prieto. Pero debe haber visto que los animales la comían antes de que madurara y llegó a la conclusión de que por o menos no era dañina.

Nociones arqueológicas

Parece ser que lo primero que llamó la atención del hombre en la antigüedad fueron las flores de la planta. Los arqueólogos han encontrado en las tumbas de Egipto, ropas teñidas con extractos de flores de cártamo y guirnaldas para el cuello, hechas cociendo las pequeñas flores en bandas de lino. Éstas datan de mil 500 años antes de Cristo.

Más tarde se descubrió que las semillas prensadas producían un aceite útil. El aceite de cártamo probablemente se utilizaba como el de sésamo (para nosotros ajonjolí) y el de ricino (higuerilla) para combustible de lámparas, aunque la Biblia no hace referencia a él.

Una ruta antigua

En la India posiblemente se empleaba desde el año mil antes de Cristo. Cuando la planta cultivada se difundió de Egipto a Etiopía y al Sudán, la lista de usos anotados en los escritos antiguos es poco menos que asombrosa. En el lenguaje sánscrito se describe como fuente de aceite medicinal que sirve de purgante. En el Japón se usaba como cosmético. En la región de la India, llamada Paso del Khyber, las tribus locales hervían el aceite y lo echaban en agua fría, en la cual se formaba una masa gelatinosa. Ésta se utilizaba para hacer tejido encerado (algo parecido al tratamiento de mercerización) y a veces como cemento para vidrio.

En el Punjab el aceite lo empleaban para curar úlceras y como medicina para la sarna. También se hacían con él, jabones blandos y barnices. Desde luego, era, y seguirá siendo, hasta donde el hombre moderno lo sepa y quiera aprovechar, un producto muy versátil. Sin embargo, el cártamo se usaba principalmente para teñir telas y más tarde como sustituto del costoso azafrán, (que se obtiene de un crocus) para colorear el arroz, los panes y otros alimentos. Todavía se encuentran para este fin las flores secas en mercados de Teherán, capital de Irán, Jerusalén y Damasco e incluso las hemos visto en el sur de Portugal.

Los romanos, por lo visto no conocieron el cártamo y la planta no llegó a Europa hasta hace aproximadamente un par de siglos. Se cultivó en países como Italia, Alemania y España, principalmente como colorante. Hubo tiempos en que tuvo mayor importancia en su empleo después del añil (planta que vimos cultivada en pequeñísima escala en nuestra región alteña), pues se utilizaba para dar un tono rojo brillante a las telas.

La era moderna

Con el desarrollo de los colorantes de anilinas, que resultan baratos por ser sintéticos, tanto el añil como el cártamo prácticamente han desaparecido del mercado de los colorantes. El cártamo que se había cultivado abundantemente durante tantos siglos, perdió popularidad y únicamente se ha seguido cosechando en cantidades apreciables en la India.

Sin embargo, para usos domésticos, se descubrió que también era un buen aceite para cocinar y por esta razón encontró algunos adeptos en el nuevo mundo.

Hasta aquí llegamos en esta parte del nuevo serial, para ubicar nuestra exposición en los tiempos que vivimos de gran mercado para los productos agrícolas frescos o industrializables, y como siempre esperando la venia de los mandos editoriales para hacer realidad nuestro interés en este tipo de difusión, esperando también la buena tierra en donde caiga este tipo de semilla agrícola-cultural.

ROBERTO SIERRA B. / Ingeniero agrónomo, asesor y consultor.
Correo electrónico: ing.sierra@yahoo.com

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