Domingo, 21 de Julio 2024

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Un año para olvidar

Por: EL INFORMADOR

Aunque a diciembre aún le quedan varios días por delante –se anhelan especialmente los festivos–, a este año ya se le quiere ver reducido a un breve recuerdo.

Hay de todo, naturalmente. Pero formarían tumultos si se reunieran quienes la llevaron de perder en este 2009, que fue año de crisis económica, año de elecciones y cantaletas políticas, año de estrés para mantener la chamba y emparejar los ingresos, año de malos servicios médicos en el sector público (la epidemia del dengue arrebata un espacio en la memoria).

Y en la vida pública, año de políticos ventajosos e incapaces; pequeños y mezquinos en los días en que más se les ha necesitado grandes y creativos.

Aunque no es un elemento que se tome en cuenta para elaborar estrategias de recuperación económica y analizar la caída de la economía nacional, uno de los más grandes lastres que carga nuestra sociedad es la actuación de su clase política.

Meses atrás, en uno de los pasillos del Palacio Legislativo (¡si las paredes hablaran!), un diputado de Acción Nacional que hoy reproduce sus andanzas en San Lázaro, me compartía, sin pudor, que conocía una iniciativa interesante de uno de sus compañeros de bancada para modificar el sistema penitenciario de Jalisco. No era la mejor iniciativa, seguro, pero era una propuesta para intentar una mejoría en las cárceles de nuestro Estado, sobrepobladas y alejadas al extremo de la pretendida reinserción social de los procesados y condenados.

Lamentablemente, me dijo, esa propuesta no se va a revisar porque no tiene beneficios políticos.

El documento quedó por ahí, después de un intento de ser considerado, durante los últimos meses de 2007.

Ese afán de los políticos para hallar “beneficios” en todo lo que hacen públicamente, genera un daño que no es posible medir en la sociedad llana: la desconfianza.

Precisamente la desconfianza, argumentaron analistas económicos, atascó la inmensa maquinaria de la economía globalizada y provocó la peor crisis financiera y económica en casi un siglo.

Y es titánico el esfuerzo que demanda la reparación, así sea superficial, de la pérdida de confianza.

Durante estos días, los mismos diputados –todos, sin reservar consideraciones para ningún partido político– que, se sabe ampliamente, representan y defienden intereses de diferentes grupos de poder, discuten el tamaño del presupuesto económico que podrá utilizar Jalisco en 2010.

Los argumentos que van y vienen del Gobierno al Congreso, son acusaciones simplonas que acusan, de un lado, el manejo oscuro del dinero público. De la otra parte, se acusa a los legisladores que rechazan el endeudamiento público como causantes del freno al desarrollo.

En un asunto eminentemente técnico, donde la lucha política debiera ser un componente circunstancial, nuestros políticos exhiben otra vez su ignorancia y mezquindad.

Seguirán peleando, acusándose sin despeinarse, desinteresados del deterioro social que causan.

Definitivo: un año para olvidar.

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