Domingo, 26 de Enero 2020
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Trigo sin paja

Por: EL INFORMADOR

Temas para reflexionar

De espíritu y materia está hecho el hombre. Ni el uno ni la otra mueren nunca. Somos inmortales, aunque no sepamos cuál es la forma que adopta nuestra inmortalidad. Sólo cree en la muerte quien no conoce la vida. El que es sabio y el que tiene mucha fe —que es otra forma de la sabiduría— adquieren la certidumbre de que la vida no se acaba. Lo saben por la sucesión de los días y las noches, por el ritmo de las estaciones, por el eterno renacer que vemos en la Naturaleza. Por eso cuando celebramos los ritos de la muerte, estamos celebrando también el rito de la vida. Afirman desolados los filósofos que nacer es como morir. Digamos nosotros llenos de esperanza, que morir es empezar a nacer. Tras lo que llamamos muerte nos aguarda nueva vida. Todos vamos a morir... todos vamos a nacer.

Se debe rechazar con firmeza todo intento de racismo, por su irracionalidad opuesta a la convivencia enriquecedora de la diversidad humana.

Muchos funcionarios en su irracionalidad y populismo, pretenden encomendar a la muchedumbre lo que debe encargarse sólo a la razón.

Cuando las cosas marchan mal en el país, cobra fuerza la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Surgen entonces los nostálgicos que sueñan con “la abolición de nuestra siniestra realidad”, como dijo Octavio Paz.

Ninguna verdad vale la pena de que por ella, un hombre dé la vida.

Difícil es en días de violencia cancelar la cultura de la destrucción total del adversario como condición de triunfo.

La voluntad de diálogo para lograr la paz interna de la nación, siempre se ha visto oscurecida por grupos fundamentalistas que intentan reciclar insepultos doctrinarismos superados desde hace muchos años.

Es tal la exasperación ciudadana en nuestro país por el engaño y la ineficacia de la autoridad en el combate a la delincuencia organizada, que más que un sistema de justicia, la opinión pública parece apelar a un sistema de venganzas, y en última instancia, a la vigencia sombría de la ley de Lynch.

Utilizar la segunda persona del plural cuando se habla o se escribe, resulta en nuestros días ridículo y anticuado. El “vosotros”, en esta época, no deja de ser una elegancia fallida.

El partido oficial durante muchos años, merced a las “cuotas de poder”, no tuvo más opción que encumbrar a nulidades salidas de los estercoleros.

El artista y el pensador son la medida de todas las cosas elevadas y permanentes. Reflexionan por todos y desde hace siglos han formado espiritualmente a los hombres educando sus sentimientos, dando forma y sentido a sus ideales, llevando el registro de todos sus triunfos sobre la animalidad y la materia, triunfos heroicos que a veces osa contradecir esa forma de la realidad que llamamos vida práctica.

El gran escritor y ensayista mexicano Don Alfonso Reyes, uno de los valores más representativos de la moderna literatura hispanoamericana, hizo el siguiente relato: “Pusieron al niño frente a un crucifijo de aspecto lamentable, y el niño permanecía impávido. —Anda -le decían-, dale gracias a Dios, y el niño respondió: —¿Pero ése es Dios?; ¡Ése será su asistente!”.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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