Domingo, 26 de Enero 2020
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Trigo sin paja

Por: EL INFORMADOR

Temas para reflexionar

La exacerbación de las pasiones ideológicas está en todas partes, en el ámbito familiar, en la prensa doctrinaria, en la T.V., en las conversaciones de café, en las reuniones sociales, en los parlamentos. El debate público está envenenado a un extremo sin precedentes. Una visión maniquea se ha apoderado del discurso, volviendo doble la realidad que, por naturaleza, es compleja, diversa y fluida. Desde hace algunos años parecíamos haber comprendido que “derechas” e “izquierdas” son conceptos pobres en su significación real, armas verbales que sirven para descalificar al enemigo, no para describir, comprender, explicar o incluso refutar el contenido de lo que se piensa o cree. Hoy esos adjetivos disfrazados de sustantivos, esos sucedáneos de los viejos anatemas religiosos (hereje, apóstata, infiel, impuro, ateo) son etiquetas que se han vuelto de uso común.

El último poema de Rubén Darío en 1916, dice: “Mis ojos espantos han visto, / tal ha sido mi triste suerte; cual la de mi Señor Jesucristo, / mi alma está triste hasta la muerte”. (“... mi alma está triste hasta la muerte”, fueron las palabras de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní. Mateo 26:28 y Marcos 14:34).

Hace algunos años, la postulación de candidatos oficiales del partido de Estado representó una forma de imposición hipócrita disfrazada con atuendos democráticos.

La parábola de la mujer adúltera está contenida en el Evangelio de San Juan: es una diáfana y plástica estampa. No cansa mirarla... “Entonces los escribas y los fariseos le traen a una mujer tomada en adulterio. Y en la ley, Moisés nos mandó apedrear a las tales; tú pues ¿qué dices?... Empero, Jesús inclinado hacia abajo escribía en la tierra, y como perseverasen, enderezóse y díjoles: “El que de vosotros esté sin pecado que arroje contra ella la piedra el primero”... Y volviéndose a inclinar hacia abajo, escribía en la tierra”.

Antes —y quizás ahora también— la amistad y la filiación política eran inevitables. Con esa relación se conquistó y mantuvo el poder. La ambigüedad y la heterogeneidad no auspiciaban un Gobierno sensato y eficaz.

Hace años —y aún ahora—. en México tenemos un pluripartidismo simbólico y fantasmal.

México es en nuestros días un rabioso coro de acusaciones, señalamientos, reclamos, filtraciones, fintas y señales cruzadas. En esto se nos ha ido el tiempo. Todos nos hemos imaginado presidentes, procuradores, fiscales especiales, politólogos e inquisidores. Se ha debilitado nuestro país en esta despiadada guerra de palabras provocada y alimentada no por los que quieren o simulan nuestro bien, sino por los que se benefician de nuestra postración.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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