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Jueves, 21 de Noviembre 2019
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Trigo sin paja

Por: EL INFORMADOR

Temas para reflexionar

En un ambiente de violencia inusitada que confronta a todos contra todos; rodeados como estamos de mensajes perturbadores, cuerpos decapitados y una creciente vesania demencial, no ha sido de extrañar el estremecedor incidente en el que perdió la vida el secretario de Gobernación. Nadie ha podido explicar todavía, y menos justificar, la peligrosa compañía del Lic. José Luis Santiago Vasconcelos en el mismo avión, cuando éste ya había sido objeto de dos atentados y estaba en la mira de los narcotraficantes. ¿Por qué se ha soslayado esta comprometedora circunstancia? Por ello, no es descartable que este lamentable suceso sea la respuesta del crimen organizado contra un Estado que lo confronta e infiltra para detectarlo, someterlo y extraditarlo. No obstante las creíbles explicaciones oficiales que sustentan técnicamente la tesis de un accidente, la larga historia de ocultamientos, simulaciones y censuras a que nos tiene acostumbrados el Gobierno, orilla a un amplio sector de la población a no aceptar tales expl
icaciones y a creer en un golpe audaz de la delincuencia organizada que ha dado certeramente en la línea de flotación del régimen.

Para que el amor sea natural y limpio como el agua que bebemos, ha de ser libre y compartido; pero el macho exige obediencia y niega placer. Sin una nueva moral, sin un cambio radical en la vida cotidiana, no habrá emancipación plena. Si la revolución social no miente, debe abolir, en la ley y en las costumbres, el derecho de propiedad del hombre sobre la mujer y las rígidas normas enemigas de la diversidad de la vida. Palabras más, palabras menos, esto exigía Alexandra Kollontai, la única mujer con rango de ministro en el Gobierno de Lenin. Gracias a ella, la homosexualidad y el aborto dejaron de ser crímenes; el matrimonio ya no fue una condena a pena perpetua, y las mujeres tuvieron derecho al voto y a la igualdad de salarios, y hubo guarderías infantiles gratuitas, comedores comunales y lavanderías colectivas. Años después, cuando Stalin decapitó la revolución, Alexandra Kollontai consiguió conservar la cabeza. Pero dejó de ser Alexandra.

La criminalidad ha alcanzado cimas impensables de osadía y crueldad. Ante el azoro colectivo, suman cientos las personas sacrificadas con una demencia escalofriante que estremece y aterroriza a la sociedad.

Es tanto el descontrol y el desánimo, que empieza a añorarse los tiempos de la mano dura, a pesar de que fueron tiempos de prácticas antidemocráticas. Y allí están los resultados de la democracia: una sociedad desencantada, una economía oligopolizada, un presidente acorralado, un Gobierno sin autoridad, y su entorno donde la violencia es una realidad cotidiana para todos los mexicanos.

Sólo un Estado, más fuerte que el crimen, aunque sea cometiendo excesos, puede abatir el crimen. Indeseable realidad.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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