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Martes, 20 de Noviembre 2018

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Trigo sin paja

Por: EL INFORMADOR

Temas para reflexionar

George W. Bush es el primer presidente agresivamente religioso de la historia norteamericana. Ni George Washington (protestante episcopálico), ni Tomás Jefferson (deísta anticlerical), ni John F. Kennedy (católico), ni Richard Nixon (cuáquero), ni siquiera Jimmy Carter (bautista), manipularon la fe con propósitos políticos. George W. Bush, en cambio, actúa, según su propia confesión, guiado por la mano de Dios. “Mi misión —declaró a la prensa— es parte del plan maestro de Dios”. A su asesor Karl Rove, le dijo: “Estoy aquí por una razón: yo no consulto a mi padre; sería el padre equivocado, yo apelo a un padre más alto”. La situación creada por el presidente Bush ha expuesto a su país a ser temido y odiado como nunca antes por toda la Humanidad. La situación que ha creado con sus cohortes de cristianos renacidos, neo-conservadores estrábicos, nacionalistas militantes y militaristas, puede aún conducir a una nueva conflagración mayor en la región. Un hombre público poseído de la ebriedad de un Dios, es capaz de
profanarlo todo.

El mundo es obra de alguien que está fuera del mundo. Esto lo aprendí en la regularidad perfecta de las cuatro estaciones; en el exacto camino de los astros; en la visión de la vida que se renueva tras la muerte; en la maravilla (milagro) de ver surgir el brote de las plantas y los árboles en la primavera. Ciego, loco o necio, tendría que haber sido para no advertir esa fuerza ordenadora. Somos parte de la vida, y cuando llegue la hora de la muerte, la debemos recibir con voluntad conforme, como parte de la vida. También somos parte de ese orden eterno, misterio que le ha sido negado a la razón.

Aprendió a escribir en la lengua de Georgia, su tierra natal, pero los monjes lo obligaron a hablar ruso en el seminario. Años después, en Moscú, todavía delataba su acento del Sur del Cáucaso. Entonces decidió ser el más ruso de los rusos. ¿Acaso Napoleón, que era corso, no había sido el más francés de los franceses? ¿Y la reina Catalina de Rusia, que era alemana, no había sido la más rusa de los rusos? El georgiano Lósif Dzhugashvili eligió un nombre ruso: se llamó Stalin, que significa acero. Y de acero había de ser el heredero del hombre de acero. Yakov, el hijo de Stalin, fue templado desde la infancia en el fuego y en el hielo, y a golpes de martillo fue modelado; pero no hubo caso, había salido a la madre, y a los 19 años, Yakov no pudo más. Apretó el gatillo. El balazo no lo mató. Despertó en el hospital. Al pie de la cama, el padre comentó: “Ni siquiera eso sabes hacer”.

El más grande peligro es la tristeza, no el pecado. Del pecado pueden salvar al hombre la contrición y el propósito de enmienda, pero de la tristeza, nada lo podrá salvar. Toda religión debe ser de alegría. La tristeza hay que dejársela a ese pobre diablo que es el diablo.

En las grandes crisis, el hombre tiene dos alternativas: o se doblega, o se curte.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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