Sábado, 11 de Octubre 2025

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“Tolito y su destino”

Por: EL INFORMADOR

Ayer decíamos...

Según me lo hicieron saber algunos solitarios lectores, que no quisieron se publicaran sus nombres, quedó poco claro lo sucedido con el tío Tolito después de la caída, sólo se supo que ya apareció en la selva y es que los espacios de los medios son limitados y el tío es muy larguero para escribir, porque deben saber que desea que alguien publique su correspondencia, la que él, pero sólo él, considera de gran valor literario, esto a pesar del constante rechazo de los editores que le indican que además de lo mal escrito a nadie le interesarían las tarugadas que escribe y tal vez lo único interesante sería la correspondencia con el tío Dido, que aunque mal redactadas, tienen el atractivo, para los aficionados al tema, de que la mayoría los consideraría como pornografía pura y dura, pero ni con eso interesa. Mis lectores argumentaron que reconocer que leer estas cosas degradaría su nivel intelectual ya que ellos leen a Monsiváis y el libro vaquero, lo que no entendí fue si ese libro lo escribió el portento de la
colonia Portales, como yo también admiro al maestro, aunque reconozco no haber leído nada de él. Sin embargo, entiendo perfectamente el deseo de mis solitarios lectores de no aparecer.

Lo sucedido entre la caída y la selva es para ser contado no en columnas periodísticas, sino en algún programa de Casos de la Vida Real, Silvia Pinal  no lo admitió porque hasta donde se sabe el tío no es mujer, el programa de la señorita Laura en América  no contestó y en el programa de Cristina dijeron que sólo les interesaba si se presentara bañado en sangre y declaraba que él había tenido relaciones íntimas con algún cadáver, lo que no se dio. El Sorullo se negó a sacarlo en su programa porque ni estaba alcoholizado ni le iba al América y como ellos que a eso se dedican no quisieron sacarlo, pues el hecho se canceló para todos los medios por no ser nota.

Todo sangrado, tardó algún tiempo en salir del cráter que se formó en el súper bache en que cayó. Todos lo ignoraron (lo que no sucedió con las caídas de Petersen ni la de Sánchez Aldana) menos un vecino que pensó había habido un temblor y gracias a su llamada llegaron dos ambulancias, una de cada cruz, una patrulla metropolitana, dos inspectores de Obras Públicas. Los primeros decidieron echar un volado para que el que lo perdiera se lo llevara, siempre que se subiera por su propio pie a la ambulancia ya que ni pensar en cargarlo, perdió la roja. La patrulla y los inspectores trataron de morderlo por los daños al pavimento lo que no se pudo porque el tío no traía ni un centavo y lo vieron muy furris para encarcelarlo tomando en cuenta que se les hubiera manchado la tapicería y no se veía que dejara flete. En la roja, lo lavaron con una manguera de lavar lonas de camiones que prestó un vecino, le quitaron el manubrio de la bici que traía enterrado, lo que no pudo recuperarse fue el claxon, por lo que al camin
ar producía un sonido como la chicharra paralizadora del Chapulín colorado. No le pusieron medicamento porque según el paramédico hubieran necesitado un balde de desinfectante.

Lo mandaron a su casa y encontró a un calandriero al que preguntó que si lo llevaba al Santuario –que por ahí vive- el conductor le dijo que sí, que sí lo llevaba, pero en dos viajes. Por lo que Tolito decidió irse a pie, agobiado por el dolor y por las burlas del peladaje, la guacherna, la plebe, representante de esta raza de bronce en su esplendor salvaje, que no respeta jerarquías ni blasones.

Ahí encontró su camino de Damasco y decidió irse lejos de aquí, a lo que se opuso la familia que pretendía mencionara tres familias nobles que vivieran en la selva de Chiapas, lo que no pudo hacer y la tía decidió que ella no iba a un sitio de nacos, Tolito en cambio estaba convencido, oía una voz que lo llamaba, ya nada más lo detenía el cochino dinero, por lo que pensó en sablear a varios parientes, dijo que a mí ni me pedía porque era muy tacaño, trató de pedirle al tío Dido, famoso por su conducta relajada, quien no lo atendió porque según le dijo ese día traía “una ardilla en la cerca” y ya sabemos que cuando el tío anda de cacería no pierde de vista la presa y es como Gabino Barrera ya que no entiende razones.

Casi agotaba la parentela cuando el Señor le solucionó el asunto. La solución la encontró fuera de una iglesia y no porque se detuviera a rezar sino porque vio a la tía Florita, viuda del tío Cecilio que era un viejo fregón donde los haya. La tía está dedicada al rezo por los pecados del difunto, en dos segundos el tío le contó que se lanzaba de misionero a Chiapas, a donde se iría a pie, por lo que no necesitaba dinero, salvo para dar de comer a los huérfanos que había recogido en un orfanato que había fundado –desde luego que en su mente- la tía, enternecida le dijo que lo acompañara para darle una ropita –Tolito pensó que había fracasado- y algo de dinero agregó la tía –lo que lo alegró.

Siguiente: La vida en la selva.

CARLOS ENRIGUE / Abogado.
Correo electrónico: ayerdecíamos@hotmail.com

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