Domingo, 26 de Enero 2020
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“Time out”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS           

Se apetece, de vez en cuando, a imitación de los peces que saltan del estanque y parecen regalarse una bocanada de aire fresco, hacer, por higiene mental, otro tanto: asomarse —aunque sólo sea por curiosidad no exenta de cierto morbo, casi con la convicción de que el ejercicio servirá para comprobar que, en efecto, los mexicanos, modestia aparte, vivimos en el mejor de los mundos imposibles— a ver lo que sucede en otras latitudes.

—II—

Botón de muestra...

Inglaterra es actualmente el escenario de un escándalo político. La historia es ésta: los diputados en la Cámara de los Comunes tienen un salario anual de unos 72 mil euros (alrededor de un millón 300 mil pesos al tipo de cambio actual). Como casi todos tienen el domicilio de su circunscripción, donde reside su familia y atienden a sus representados, y el de Londres, una de las ciudades más caras del mundo, donde sesiona el Parlamento de lunes a jueves, el Gobierno absorbe parte de los gastos que eso implica. Hay, para el efecto, un tope anual de 27 mil euros (poco menos de medio millón de pesos).

La consecuencia estriba en que muchos diputados buscan a toda costa recibos que les permitan reclamar al Estado esos gastos adicionales. Así, incorporan reclamaciones por reparaciones en la cancha de tenis, limpieza de la alberca, adquisición de mobiliario (caro, of course), etc. Llegan al extremo de que dos diputados que comparten la misma residencia en Londres, declaran el mismo gasto para solicitar cada uno la correspondiente bonificación.

La divulgación de tamañas pillerías ha generado, como ya se apuntó, un escándalo. El ciudadano común estima que, aunque la práctica es legal, también es reprobable, por inmoral; que es ruin, sucio y vil el argumento de que tomar el dinero del Gobierno es aceptable, mientras sea legal. De hecho, la gente pide que no sólo se corrija esa práctica, sino que se castigue a quienes incurren en ella. Alan Doig, un analista especializado en temas de fraude y corrupción, afirma que el caso desnuda a la clase política: “Una institución —dice— colectivamente más interesada en sí misma que en el interés público”.

—III—

Como moraleja de la historia, cabe una frase que se le olvidó escribir a Shakespeare: “Broad beans can be cooked anywhere”. (Traducido al cristiano: en todas partes se cuecen habas).

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