Viernes, 14 de Noviembre 2025

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Tenemos que ganar esta guerra

Por: EL INFORMADOR


Roberto Pombo, director del periódico colombiano “El Tiempo”, nos recordaba ayer lo que establece el manual de los terroristas en materia de atentados con explosivos dirigidos en contra de la población civil: la primera bomba es culpa del terrorista; la segunda también, pero la tercera es culpa del Gobierno.

Todos nos estamos preguntando lo mismo: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Ya tocamos fondo, o apenas comienza lo más sangriento de la lucha contra la criminalidad?

Por donde se vea, son muchos los problemas que aquejan al país. El principal, por supuesto, es la inseguridad. No terminamos de digerir un espantoso caso, cuando el siguiente ya comenzó. En pocos días secuestran y matan al niño Martí, y enseguida aparecen 12 decapitados en Yucatán, luego aparecen 24 ejecutados en La Marquesa y cuando todavía estábamos en estado de “shock” por esta masacre, explotaron dos granadas que mataron a siete personas y dejaron un centenar de heridos en pleno festejo patrio en la capital michoacana, en un inédito y sin precedente acto vil de terrorismo.

Lo ocurrido la noche del martes en Morelia fue sencillamente un aterrador atentado: las granadas lanzadas entre la gente que estaba simplemente disfrutando de una verbena popular no buscaban un objetivo concreto, sino lo que constituye la razón de ser de una acción terrorista: matar a inocentes, imponer el pánico entre la población, desestabilizar y amedrentar a la sociedad y por supuesto a las autoridades. Tampoco deberíamos confundirnos con un punto: para realizar acciones de estas características no se requieren miles de hombres. Lo que se necesita es tener un grupo de operadores sin el más mínimo escrúpulo, pero con recursos y armas.

Son las víctimas inocentes de un cobarde acto terrorista las que enlutan al país entero. Como también son los más de 100 heridos que sobrevivieron, pero quedaron mutilados de por vida. Que perdieron alguna parte de su cuerpo: una pierna, medio brazo o la vista completa. Que quedaron desfigurados producto de las quemaduras. Para ellos la vida nunca será la misma. Como tampoco lo será para ninguno de nosotros. Se ha entrado a una nueva etapa de ataques terroristas contra civiles que obliga a cambiar las reglas, formas y discursos. Adiós al argumento oficial de que solamente se mataban entre grupos de narcos.

Al mismo tiempo, un movimiento social como el de López Obrador, que desconoce a las instituciones, que apuesta a la desestabilización y se mueve en el límite de la legalidad, que no condena abiertamente al narcotráfico ni apoya la lucha en su contra, con el argumento de que el Gobierno no es legítimo, construye un magnífica coartada, política e ideológica, para el desarrollo del crimen organizado. La tentación de la violencia por parte de grupos políticos es la mejor cobertura que pueden tener los narcotraficantes.

No es hora de bajar la guardia, para las autoridades debe haber absoluta claridad sobre el enemigo que está enfrentando y las tácticas para combatirlo.

Si Colombia pudo con un Pablo Escobar, también nosotros saldremos victoriosos.

CARLOS CORVERA / Analista político.
Correo electrónico: corveracmx@hotmail.com

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