| Temas para reflexionar Por: EL INFORMADOR 27 de noviembre de 2009 - 23:00 hs Cada año hay dos mil 500 manifestaciones en la Ciudad de México, que equivalen a 6.8 marchas por día, o lo que es lo mismo, una cada cuatro horas... Ha habido casos en que pequeños grupos de 15 personas han cerrado el Paseo de la Reforma, sin importar cuán legítimas pudieran ser sus motivaciones. La vida cotidiana llena de incertidumbres se ha vuelto impredecible, pues la estrangulación de una arteria genera un caos vial multiplicador. Hay marchas de todo y para todo: políticas y económicas; sociales y particulares; de niños y niñas; con machetes y pañuelos blancos; de policías contra delincuentes, y de delincuentes contra el Gobierno; de marginados; de campesinos y burócratas; de obreros y encuerados, diurnas y nocturnas. En los últimos cinco años se han movilizado en la Ciudad de México 10 millones de personas, cinco mil 479 personas por día; 228 por cada hora... Hay dos mil 500 protestas exasperantes por año... ¿Se les puede pedir a los inconformes que ya no marchen? Esta situación intolerable que representa un enorme problema social, nadie se ha atrevido a abordarlo para no lesionar el principio constitucional de libertad de manifestación. ¿Y el derecho de libre tránsito de cientos de miles de agraviados, qué? Urge que nuestros políticos, refinados declamadores del respeto a los derechos ciudadanos, concilien ambos extremos, aun con la perspectiva lógica del empleo de la fuerza pública. Es preocupante la frustración de una sociedad de agravios acumulados y tolerancia inexplicable y absurda. Existe un acontecimientos histórico vergonzoso que cuidadosamente hemos ocultado. El general Ignacio Zaragoza, triunfador de la batalla del 5 de mayo de 1862 sobre el Ejército francés en la ciudad de Puebla, escribió a Juárez: “Qué bueno sería quemar a Puebla; la ciudad está de luto por la derrota de los franceses el 5 de mayo. Esto es triste decirlo, pero es una realidad lamentable”. El héroe, “Benemérito de la Patria en Grado Heroico”, ante vergüenza tal, se declaró adepto a la purificación por el fuego. Justo un año después, los franceses derrotaron al Ejército Mexicano, ocupando la ciudad, donde fueron recibidos como héroes al desfilar por las calles bajo una lluvia de flores. Hoy, el Estado se llama Puebla de Zaragoza. Cualquier hombre inteligente, en un momento dado, puede conducirse como un imbécil; pero un imbécil jamás puede conducirse como hombre inteligente. La imbecilidad y la inteligencia no se pueden ocultar; saltan a la cara; son la enfermedad o salud del entendimiento. En México, todo y todos tienen un precio. FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones