| Temas para reflexionar Por: EL INFORMADOR 18 de septiembre de 2009 - 23:00 hs FLAVIO ROMERO DE VELASCO Todas actividad delincuencial es execrable, repulsiva, porque atenta y lesiona los equilibrios básicos de la convivencia social. Desde los albores de la historia, el empeño en combatir los delitos ha sido tarea menor. Violar y agredir los mandatos de la ley que castiga y escarmienta, que sanciona y reprende, tal parece que es una proclividad inscrita en los genes del hombre. Hoy en día, en todos los países, más aún en los que padecen subdesarrollo y graves problemas sociales y económicos como el nuestro, el delito y su enfrentamiento abarcan gran parte de los quehaceres gubernamentales. Díganlo si no los empeños desmesurados que en México se despliegan para hacerle frente a la delincuencia organizada que tienen al ciudadano y al Gobierno contra la pared. No se trata solamente del combate al narcotráfico, sino también de las bandas de toda laya que se extienden y multiplican como una epidemia. Es preocupante ver cómo nos vamos pareciendo a la Colombia de las peores épocas, en las que se incorporaban aun a los niños al robo, al chantaje y al secuestro, sin pasar por alto a los pequeños sicarios para eludir sus responsabilidades penales como menores de edad. La gama de delitos es innumerable; pero de todos ellos, acaso el secuestro sea el que más nos aproxima a los abismos del dolor y la desesperación. En la desaparición de un ser querido con cuya ausencia y tortura se intimida y extorsiona, se reconoce el rostro de la muerte y de la impotencia que encarcela los impulsos de la rabia y la exasperación. ¿Qué hacer? ¿Qué remedio se propone para poner un “hasta aquí” a tanta atrocidad de la delincuencia organizada? Los peores criminales no tienen regeneración, digan lo que digan los jurisconsultos y los moralistas. O se aplica la pena de muerte para esos extremos como el secuestro calificado, o debemos resignarnos a tolerar todos los desmanes y todos los excesos. Podrá ser juzgada la pena capital como primitivismo y regresión histórica. De acuerdo. Pero ¿de qué otra manera puede detenerse la locura homicida que vivimos? Son muy respetables los escrúpulos de quienes se atribulan por los derechos de los criminales; pero frente a esos derechos están los de tanta víctima indefensa de una colectividad aterrorizada que reclama se instaure la pena de muerte como legítima defensa de la sociedad. Es renovada la literatura de la esperanza oficial con todos los pretextos que se quieran y deseen; pero no dejan de ser sino una gama de definiciones gastadas que son formol para diferir la acción corrosiva de la podredumbre. A los políticos les ha faltado el aliento y la audacia para la rectificación generosa y honrada. A falta de ella, lo único que les hemos escuchado son los adjetivos opacos de la justificación. FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones