Domingo, 12 de Octubre 2025

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Por: EL INFORMADOR

Trigo sin paja

Para ponderar el grave peligro que se cierne sobre la democracia mexicana, considérese la siguiente estadística. En los 681 años transcurridos desde la fundación del imperio azteca (1325 d.C.), hasta nuestros días, México ha vivido 196 años bajo una teocracia indígena; 289 bajo la monarquía absoluta de España; 106 bajo dictaduras personales o de partido; 68 años sumido en guerras o revoluciones, y sólo 22 años en democracia... Este modesto 3% democrático corresponde a tres etapas muy distanciadas entre sí: 11 años en la segunda mitad del siglo XIX, 11 meses a principios del XX, y la década de 1996 a 2006. En el primer caso, el orden constitucional establecido por Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada fue derrocado por el golpe de Estado de Porfirio Díaz. En el segundo episodio, otro golpe de Estado orquestado por Victoriano Huerta derrocó al presidente Madero. La tercera etapa, ¿será definitiva o correrá la suerte de las anteriores?

En su último escrito en 1916, Rubén Darío dice: “Mis ojos espantos han visto, / tal ha sido mi triste suerte; / cual la de mi Señor Jesucristo, / mi alma está triste hasta la muerte”. “Mi alma está triste hasta la muerte”, fueron las palabras de Jesucristo en el Huerto de Getsemaní. Mateo 26-28, y marcos 14-34.

Después de un acucioso repaso del ayer humano, se concluye que la historia universal es, y sigue siendo, la historia de Europa. El resto del mundo ha sido sólo una mención histórica casi desdibujada para no pasar desapercibida. De China, por ejemplo, poco o nada sabemos de esa nación extraordinaria que inventó casi todo. La seda nació allí hace cinco mil años; los chinos descubrieron y cultivaron el té; fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas; crearon el arado de hierro y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura; inventaron la brújula mil 100 años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla; mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero; hace mil 900 años inventaron el papel; inprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg; hace mil 200 años inventaron la pólvora y un siglo después el cañón; hace 900 años crearon
máquinas de hilar seda que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. Inventaron el timón, la porcelana, los naipes, la pirotecnia, los cometas, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias. ¿Acaso el hombre moderno tiene conocimiento cierto de esta civilización extraordinaria? Pero Europa sigue siendo la historia universal.

De años atrás, los países del tercer mundo han resentido los manotazos implacables del Gobierno de los Estados Unidos, que han evidenciado, hasta la saciedad, que no quiere amigos, sino deudores expoliados a los cuales aniquilar en sus recursos naturales, desnacionalizándolos y empobreciéndolos.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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