Domingo, 09 de Noviembre 2025

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Por: EL INFORMADOR

FLAVIO ROMERO DE VELASCO

Trigo sin paja

Margaret Thatcher, ex primera ministra de Inglaterra, pudo reconstruir una economía minada por el sindicalismo gracias a que los ingleses estaban hartos de la pobreza en que los dejaron los gobiernos laboristas de la postguerra. La diferencia es que allá ninguna política se considera irreversible, mientras que entre nosotros, el culto de lo irreversible nos tiene engarrotados.

En vista de la desesperada estrechez en que nos encontramos ¿se atreverán nuestros gobernantes a darles reversa a nuestros fracasos? En el campo, en la industria, en el comercio, etc., urge terminar el tabú de lo irreversible, si no para volver exactamente al mismo estado de cosas que con anterioridad prevalecían, sí para aplicar con audacia y visión nuevas estrategias sociales.

Desgraciadamente, para levantarnos a niveles urgentes de desarrollo, requerimos grandes volúmenes de capital extranjero, en vista de que el ahorro interno es mínimo y el capital privado tacaño y conservador. Veamos las cosas con realismo, y al mismo tiempo que con audacia, actuemos también con cautela para preservar y hacer respetar nuestra soberanía.

No de otra manera pudieron levantarse varias zonas del pacífico como Singapur, Malasia, Australia, etc. Sin embargo, nuestro sindicalismo sin visión, los ideólogos y los economistas dizque revolucionarios, siguen siendo un freno a nuestras posibilidades reales de progreso.

El gran filósofo español Ortega y Gasset expresó: “El verdadero tesoro del hombre, es el tesoro de sus errores”.

Ojalá que las diarias disensiones y enfrentamientos entre partidos, congresos y Presidente de la República, no sean la ola que precede al ciclón.

Los términos políticos de izquierda, centro y derecha, parecen situar en una clasificación doctrinaria la posición de partidos y candidatos. A pesar de sus coincidencias políticas universales, en nuestro país el fondo y la forma son distintos por una causa: la baja escolaridad de la mayoría y la deficiente instrucción de la minoría. Lo que domina la escena actual son los juicios sumarios, la admonición y la falsa cólera.

En el miedo a la muerte se fincan todas las religiones.

Al repasar la historia, queda la sensación de que todavía los mexicanos no hemos aprendido las lecciones de la prudencia y la sabiduría que aconsejan disentir sin agredirse. Vienen a presencia otros tiempos que dejaron lecciones amargas de maniqueísmo sin atenuantes que dividían a los hermanos en parcelas irreconciliables: los buenos y los malos, los liberales y conservadores, los revolucionarios y los reaccionarios. Al revivir esas tormentas, aletea la lección de la disputa estéril, de los años perdidos, del diferimiento inútil, cuyo fruto podrido ha sido el rezago para incorporar a México a la modernidad política.

El laureado escritor Carlos Fuentes, en una de sus emotivas páginas escribió: “Como en siglo XVII y en la voz de Quevedo, repito hoy con ese coraje, con ese pundonor, con esa fe que compartimos españoles y mexicanos: “No he de callar, pues la lengua de Dios nunca fue muda”.
FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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