Jueves, 09 de Octubre 2025

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Temas de reflexión

Por: EL INFORMADOR

Trigo sin paja

Resulta imposible el entendimiento con los Estados Unidos, cuando las expectativas de vida son distintas, casi irreconciliables. No es únicamente el divorcio entre vencedores y vencidos el argumento esencial; es toda una cultura compleja la que está de por medio. Por una parte, la raza anglosajona inmaculada sin mezcla alguna tras el coloniaje arrasador sobre las tribus indígenas; por la otra, la sangre mexicana fruto de la fusión que derivó en el mestizaje. México defiende por un lado sus valores propios; de la otra parte, una añeja y difícil conciliación, explicable por tratarse de civilizaciones diferentes... De ahí deviene el conflicto, con breves treguas, entre dos naciones forzadas a ser vecinos sin más punto en común que tres mil kilómetros de frontera que semeja una gran cicatriz. Larga historia de ofensas mutuas: Veracruz, El Álamo, la invasión de 1847 y la mutilación que nos fue impuesta. Éste es el marco para la búsqueda de acuerdos entre dos países que dicen respetarse, pero no pueden todavía ente
nderse.

Todos los poseídos de la venganza y el autoritarismo, que lean a Macbeth para que aprendan que la violencia no se sacia hasta que devora al que la desató.

Al fanatismo clerical se le ha pretendido combatir con el fanatismo anticlerical, y esta lucha es, por ambas partes, un juego de prejuicios intransigentes.

Dudas razonables nos impiden saber si Adán fue tentado por una manzana o por una uva. Se sabe que hubo vino en este mundo desde la Edad de Piedra, cuando las uvas ya fermentaban sin ayuda de nadie. Algunos cánticos chinos recetaban el vino para aliviar las dolencias de los tristes. Los egipcios creían que el dios Horus tenía un ojo de Sol y otro de Luna. El ojo de Luna lloraba lágrimas de vino que los vivos bebían para dormirse y los muertos para despertarse. Una vid era el emblema del poder de Ciro, rey de los persas, y el vino regaba las fiestas de los griegos y de los romanos. Para celebrar el amor humano, Jesús convirtió en vino el agua de seis tinajas. Fue su primer milagro.

La educación de las conciencias libres, críticas y responsables, constituye la meta que distingue a la enseñanza de la indoctrinación. La indoctrinación inculca las certidumbres del dogma que nos aherroja al primitivismo intelectual, mientras que la educación nos induce a pensar por cuenta propia como vía única para el conocimiento positivo de la realidad.

El polígrafo español Salvador de Madariaga dijo: “Cada uno vale según su cantidad de ser”, concepto ininteligible para quienes solamente viven tras los bienes materiales y padecen, como diría Quevedo: “La sed hidrópica del oro”.

FLAVIO ROMERO DE VELASCO / Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.
Correo electrónico: r_develasco22@hotmail.com

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