Martes, 28 de Octubre 2025

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“Te digo, Juan...”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS                 

Como buena maestra —se supone que lo fue...—, Elba Esther Gordillo supo ser prudente. Probablemente no dijo lo que pensaba; optó por pensar lo que decía... (Lo cual, aunque parezca lo mismo, no es igual).

Al estilo de “Te lo digo, Juan, para que me entiendas, Emilio”, a sabiendas del pie de que cojea el indirecto destinatario de su mensaje, la eufemísticamente denominada “lideresa moral del magisterio”, habló, en Guadalajara, sobre el laicismo: un concepto que significa —nos ilustra la Academia— “la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”...

—II—

¿Por qué ese afán?...

La moral valora las acciones de las personas desde la perspectiva de su bondad o su malicia. La etimología del vocablo (mor-moris) tiene que ver con las costumbres. Así, es obvio que la moral es subjetiva y es cambiante. Matar, salvo en defensa propia o en circunstancias de guerra justa, siempre será censurable. Robar, salvo en situación de necesidad imperiosa —el padre indigente que roba un pan para llevárselo a sus hijos...—, ídem. Usar, en la playa, trajes de baño más o menos encubridores —o no usarlos, de plano—, es intrínsecamente inocuo, y, por ende,  moralmente relativo...

En cambio, el Estado modifica las leyes —perfectibles, se supone, en función de los cambios que las sociedades experimentan— para adaptarse a nuevas realidades, exigencias o tendencias. Dos ejemplos: este domingo, el alcalde de San Francisco, California, Gavin Newsom, unirá en matrimonio civil a dos mujeres (Phyllis Lyon, de 87 años, y Del Martin, de 83) que desde hace 40 años, de hecho, son pareja. En tanto, la corte de apelaciones de Lyon, Francia, rechazó la demanda de una pareja de musulmanes contra un hospital tras el nacimiento de un hijo incapacitado... y, además, los multó con mil euros, pues el alumbramiento se complicó por la oposición del padre, por motivos religiosos, a que médicos hombres atendieran el parto.

—III—

Los preceptos religiosos tienen validez e incluso son vinculantes para quienes profesan tal o cual religión. Empero, no pueden ser exigibles para la sociedad en su conjunto... Eso, sin más, es laicismo.

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