Jueves, 08 de Enero 2026

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Sube el telón

Por: EL INFORMADOR

En realidad la vida es una obra teatral: comedia, drama, ópera, porque muchas veces cantamos bien o mal o desafinados.

Cuando nacemos se levanta el telón. No sabemos el argumento que van a presentarnos ni el papel que va a tocarnos representar, pero ahí estamos como actores o espectadores emocionados que dejamos nuestra butaca y subimos al escenario a actuar y decir lo que nos parece, lo que sentimos, lo que deseamos.

El director nos guía y en general los actores hacemos nuestro parecer, de modo que la obra resulta un disparate, es el mundo con sus oportunidades y problemas, disparatado.

Los primeros actos del artista recién nacido, sin las vacunas; actualmente las hay contra todos los peligros; y luego, casi enseguida, el colegio. Van los niños que apenas saben hablar, a aprender inglés. El mundo ha cambiado, entonces empezaban a ir a la escuela a los cinco años, era una buena edad, y en la Escuela Normal de Maestros a la que yo asistí nos repetían que antes de los siete años no están los alumnos en condiciones de aprender algo.

Lo que cuento es que ahora ese telón de nuestra obra teatral ha subido muy pronto, y van los niños a la clase con sus necesidades pendientes, desde mocos hasta el contenido del pañal (el pañal, interesante prenda. Con el invento de los desechables se creó un gran negocio y una necesidad solucionada, a pesar de los precios).

Pero bueno, estos actos primitivos del actor que nace, en los comienzos de la vida son iguales y empiezan a variar y ponerse interesantes cuando cada artista tiene su propio papel: el de enamorarse, formar una familia, ver crecer a los hijos y comprobar que éstos ya no son niños, sino hombres y mujeres con sus propias ambiciones. El primitivo actor se siente espectador de la familia que ha formado, y si lo ha hecho bien recibe el premio del triunfo de los hijos. Se siente feliz. La obra teatral de su mundo va bien, aunque a veces sienta que el telón de su escenario intenta bajar. Ya empieza a no ser la primera figura.

Vienen los nietos y se inicia otra ilusión, Que triunfen, que sean útiles y felices. Y lo serán, si padres y abuelos contribuyen, sobre todo, con el ejemplo.

La obra está escrita en el tiempo, pasan las hojas, muchas veces hacemos como si volviéramos atrás, en busca de la página que más nos agradó, pero volver atrás es como un sueño que se desvanece, estamos en el presente y nuestro deber y conveniencia es hacerlo lo más agradable posible.

Todo esto me lo ha inspirado la partida de mi nieto triunfador, estudioso, trabajador. Se ha ido. Todos nos fuimos en el momento oportuno.

Miro hacia arriba. ¿Cómo va nuestro telón? Lo quiero alto, alto, que no descienda jamás, que yo vea la obra completa, que de vez en cuando intervenga, aunque sea en un corto papel.
Arriba el telón, siempre.

GABRIEL PAZ / Escritora.
Correo electrónico: macachi809@hotmail.com

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