Domingo, 16 de Noviembre 2025

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Su excelencia Zelaya

Por: EL INFORMADOR

La palabra “Excelentísimo” es un término muy peligroso de usar al hablar de una persona, y más su ésta viene de un presidente de la República en honor a quien dudosamente se lo merece. Me refiero específicamente al ridículo recibimiento que en nombre de toda la nación mexicana hizo el señor Felipe Calderón al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, llamándolo excelentísimo señor presidente de Honduras.

Habría primero que estudiar un poco la historia de este singular personaje, discípulo cercano al presidente de Venezuela, Hugo Chávez. No es que esté yo de acuerdo con los golpes de Estado, pero tampoco aprecio a un presidente como Zelaya, que presume de haber sido derrocado por haber combatido la desigualdad en su país. No es verdad: primero, porque no existe evidencia alguna que pruebe de que esa desigualdad haya disminuido durante su mandato y, segundo, porque resulta evidente que la causa de su destitución fue la consulta que intentó implantar el entonces presidente Zelaya, para quedarse en el poder a través de una reelección prohibida en la Constitución de su país. A imagen y semejanza de Chávez y Evo Morales.

Fue destituido, además, por un acuerdo de los otros dos poderes, el Judicial y el Legislativo, y éste tuvo el apoyo del partido que había llevado a Zelaya al poder. Pamplinas de Zelaya. Lo que falló en Honduras fue que el Congreso y el Poder Judicial, en lugar de seguir todos los pasos legales para destituir a Zelaya, presionados por la consulta que éste había ordenado para esa misma semana, recurrieron al Ejército y decidieron poner al mandatario en un avión y enviarlo a Costa Rica.

Que haya sido recibido con todos los honores de un jefe de Estado por el Presidente Calderón, y luego que el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, le entregara las llaves de la ciudad, y darle cabida en el Senado de la República, es algo que ofende a todo un país como México, que se ha distinguido siempre por la “no intervención” en los asuntos internos de otros países, y lo que hizo Calderón fue “meterse hasta la cocina” en los asuntos de Honduras.
La diplomacia entre naciones requiere el ejercicio de un sano y cotidiano pragmatismo, de acuerdo a las diferentes circunstancias. Condenar el golpe de Estado fue una correcta decisión, pero hasta ahí.

Después vino el golpe en la espalda a Calderón, cuando, invitado por el Partido de la Revolución Democrática PRD, en el Teatro de la Ciudad, el susodicho Zelaya dijo —refiriéndose a Andrés Manuel López Obrador—: “Hay veces en las que es mejor sentirse presidente, que serlo”. Bofetada, a la cual prefirió el Gobierno de Calderón quedarse callado.
En fin, creo que hay cosas mucho más importantes qué atender dentro de nuestro país, que andar perdiendo el tiempo en meter las narices en asuntos que huelen a viejos tiempos.

CARLOS CORVERA GIBSONE / Analista político.
Correo electrónico: carloscorvera@me.com

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