Domingo, 16 de Noviembre 2025

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Sociedad desorganizada

Por: EL INFORMADOR

La masa social, en términos generales amorfa, anónima, desarticulada, indolente, es el paradigma que personifica lo que representa en estos tiempos de la posmodernidad, en donde todo transcurre en forma rápida, violenta, y que ante lo inevitable trata de organizar, dentro de ese caos sempiterno, y si se quiere tradicional, un cuerpo que adquiera la semejanza de una entidad social con identidad propia, además cohesionada y solidaria con el bien común y generalizado, de tal modo que sirva de base idónea para defender la propia sobrevivencia y, por ende, que se convierta en un organismo capaz de enfrentar con éxito las adversidades que arroja, inmisericorde, un sistema socipolítico, por naturaleza, deshumanizado, miseria, pobreza y marginación con un futuro incierto para las generaciones que se suceden, y lo que provoca crisis de valores, de sentimientos y una gran desesperanza.

Los sociólogos hablan de una sociedad civil, como un ente capaz de hacer frente a los embates de las masas de excluidos que ha producido el propio sistema, pero en medio de ese caos infinito y voraz, nos preguntamos ¿realmente hay en nuestro medio, en nuestro entorno, una sociedad civil fuerte, capaz de enfrentar a esa gran masa de desplazados del sistema y que para sobrevivir y también para sobreponerse, realmente están organizados, y que con base en esa organización sui géneris, si se quiere, han establecido reglas del juego que señala una trayectoria fundamental, la creación de un paradigma formidable como lo es la economía informal, que viene a ser el punto de apoyo, la meta ideal de todas y cada una de sus ambiciones de poder y de riqueza?

Una sociedad desorganizada, anómala e indiferente, es el resultado lógico de un Estado fallido, cuya característica más visible es la ausencia de un Estado de derecho, y en el ámbito de semejante escenario, es dialécticamente lógico que la delincuencia tiene un proyecto bien orientado; si el sistema los repele, los margina del quehacer económico, si esa minoría influye con sus políticas en la distribución cada vez más injusta de la riqueza, es lógico, es evidente que los aludidos de esa manera organicen su propia modalidad para que por el camino del crimen, del delito o de la delincuencia organizada arrebaten por la fuerza aquella parte de la riqueza que en otras circunstancias les corresponde.

Pero consideramos que este tipo de organización criminal es un signo inédito en estos tiempos, porque además del poder que ha logrado, ha alcanzado una nota de gran trascendencia, el fortalecimiento definitivo de eso que se llama la “economía informal”, y que al decir de los expertos, tiene más presencia a nivel mundial que la considerada como formal.

A todo esto, queda una casual en el aire, y no se sabe si ya se ha tomado en cuenta: ¿Qué ofrecerá el sistema en el supuesto de que quede totalmente desmantelado el crimen organizado para que las miriadas que lo integran participen en el quehacer económico formal?

MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista.
Correo electrónico: lopparra@economía.unam.mx

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