Lunes, 03 de Noviembre 2025

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Sin palabras

Por: EL INFORMADOR


El secuestro y asesinato de un niño de 14 años, Fernando Martí, en la Ciudad de México, generó una guerrita entre el Presidente Felipe Calderón y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, que luego terminó en una coincidencia.

El caso, triste y doloroso por supuesto, además de esa guerrita, ha dado lugar a declaraciones, comentarios y editoriales de todo tipo en donde se cuestiona la inacción de las autoridades para garantizar la seguridad de las personas desde hace décadas, sin embargo, no es el primer secuestro ni el primer asesinato. No obstante, por el cálculo político, los titulares del Poder Ejecutivo federal y de la capital del país, se refieren al asunto como si así fuera y el Presidente Calderón llega al extremo de asistir al funeral del niño Martí, “hijo de una familia de bien”.

¿Y las demás no lo son? ¿Y la familia jalisciense que fue secuestrada y asesinada en Ciudad Guzmán? ¿Por qué no asistió el Presidente de la República a esos funerales? ¿No es importante? ¿No era una familia de bien? Salvo la mención de un periodista, aislada y como anecdótica, la familia de seis integrantes —entre ellos dos niñas— que murió a manos de sus secuestradores, incluido un policía investigador, no ha merecido comentarios ni del Gobierno federal ni de los medios de comunicación de cobertura nacional, como para despertar indignación, coraje, impotencia.

Como no sucedió en el Distrito Federal y Emilio González Márquez no figura políticamente en el escenario nacional (y si me apuran, ni en el estatal), es como si no hubiera pasado.

Y para empeorar las cosas, el gobernador se vanagloria y dice que Jalisco se cuece aparte por las detenciones que se hicieron.

Por el secuestro y asesinato de Fernando Martí resurge la polémica con respecto a la pena de muerte y se manda una iniciativa que propone cadena perpetua contra secuestradores que fueron o son miembros de alguna corporación policíaca.

¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué hasta que matan al hijo de un prominente empresario? ¿Y los otros secuestrados, asesinados o no? ¿Y tantos inocentes muertos en esta “lucha” contra el narcotráfico? ¿Y las vidas perdidas por la delincuencia común? Además de que dentro de poco, como sucedió con Miguel Ángel López Rocha, el niño que murió envenenado por las aguas del Río Santiago, las aguas volverán a su cauce y quedará todo en discurso y retórica, porque desde hace décadas esto no mejora, al contrario.

No hay palabras ya para definir a nuestra clase política, pero a veces, muchas veces, da asco.

LAURA CASTRO GOLARTE / Analista político.
Correo electrónico: lauracastro05@gmail.com

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