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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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Sí, soy mafioso y qué

En un capítulo de Los Soprano, Tony el carismático mafioso habla con sus colegas sobre la falta de principios de las mafias del Este. Elabora un discurso impecable sobre la pérdida de valores de los rivales, “hasta para matar se necesita clase” dice uno de sus esbirros. Mirando la serie pensé en dos de los grandes capos de la política mexicana: Emilio Gamboa Patrón, alias “El Chupón”, y Diego Fernández de Cevallos, alias “El Jefe”.

Estos dos personajes tienen más en común de lo que quisieran admitir. Emilio, líder priista en la Cámara de Diputados, ha sido vinculado a redes de pederastas, de lavado de dinero y apropiación de terrenos en el Sureste, ha sido evidenciado públicamente incontables veces; las investigaciones desaparecen siempre. Cuando se descubrió a Gamboa llamándole “papá” a Kamel Nacif y sometiéndose a sus órdenes para echar para atrás una ley sobre juegos y casinos, la respuesta de Gamboa sobre la autenticidad de las llamadas fue “Sí, soy yo, y de una vez les digo hay otras seis llamadas con Kamel en este sexenio”. Con esa frase cerró el capítulo sobre el tráfico de influencias que ejerció desde el Senado de la República. Cuando el pederasta Succar Kuri mencionó en entrevista con Loret a Gamboa como su amigo, la autoridad lo desoyó. Gamboa sabía que ni la PGR ni la Suprema Corte lo llamarían. Él es el interlocutor de su partido con el Presidente, se sabe intocable.

“El Jefe” Diego se enriqueció litigando contra el Estado mexicano, siendo a la vez miembro del Senado y coordinador de la bancada del PAN. Recientemente, Carlos Ahumada, empresario-mafioso argentino, evidenció a este panista como “coordinador” de los videoescándalos contra el equipo de López Obrador, por órdenes directas de Carlos Salinas de Gortari. Ahumada muestra a Diego como un esbirro obediente del ex presidente. En una entrevista “El Jefe declaró: “Lo que hice ya lo sabe el pueblo de México, y lo volvería a hacer”.

Al igual que los mafiosos que viven en un mundo en que son conocidas sus actividades criminales, Diego y Emilio se atreven a estos desplantes de cinismo y admisión de sus delitos, a sabiendas de que su poder al interior de las estructuras del sistema les mantendrá al margen de la justicia. Las mafias políticas se perpetúan por generaciones gracias a su capacidad de influencia al interior de la maquinaria, compran policías, jueces gobernadores y Ministros; desayunan con el Presidente y litigan para los medios. Compran y venden información privilegiada, espían ilegalmente a sus enemigos, especulan con bienes y recursos públicos, manipulan elecciones y protegen a criminales. Ahumada es un sinvergüenza incapaz de admitir su corrupta avaricia, pero gracias a él volvemos a vivir el escándalo de una injusticia anunciada. Salinas, “El Chupón” y “El Jefe” controlan al Estado con otros personajes menores. Ante la impunidad de Los Sopranos, apagamos la televisión, pero ante el cinismo evidente de las mafias políticas mexicanas, todavía no hay remedio. Mientras ellos sigan manejando los hilos de la política mexicana, nuestro pobre país seguirá secuestrado por los tramposos más corruptos y poderosos que escupen al pueblo la frase “Sí lo hice, y qué”, a manera de cerrar casos criminales por su propia ley.

LYDIA CACHO / Periodista.
www.lydiacacho.net

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