| Sentimientos arbóreos Por: EL INFORMADOR 7 de julio de 2008 - 23:00 hs Hace un mes (entre la euforia retórica de las celebraciones oficiales en el Día Mundial del Medio Ambiente) surgió la conmovedora promesa presidencial de convocar a brevedad una jornada nacional para “sembrar” árboles. Pues se cumplió el pasado sábado 5 de julio: cientos de miles de personas participaron en la siembra de ocho millones 323 mil 063 árboles. Nunca antes se había visto en la historia de nuestro país que tantas personas plantaran tantos árboles en un solo día de campo. ¡Uff! Todo sucedió entre lluvias, lodazales y embotellamientos condimentados con sonoras quejas de ambientalistas que advertían el secuestro mediático del tema para fines electoreros. Poniendo en perspectiva las cosas, apremia recordar una vieja noticia publicada en 1973 sobre el lamento oficial reconociendo que en los últimos 30 años habían desaparecido (entonces) la mitad de los bosques de México. Recientemente se ha reportado que en 1976 teníamos 136 millones de hectáreas boscosas y que (entonces) todavía figurábamos positivamente a nivel mundial en materia forestal. Ahora se reclama que actualmente sólo tenemos menos de 50 millones y encabezamos las listas de los países más destructores. Se estima que a nivel nacional cada hora perdemos una superficie equivalente a tres veces el área que ocupa el Estadio Jalisco. Quienes creen que abrazar arbolitos en momentos de euforia emocional constituye el sentido de una auténtica convicción conservacionista no pueden estar más equivocados; muestran un desconocimiento fundamental sobre la importancia y el funcionamiento de los árboles en los ecosistemas y de la naturaleza del territorio. Viven con un pie en la fantasía mientras el otro apisona el suelo. Y no está del todo mal, pues los mitos son los cuentos que nos sirven para compartir cada quien sus interpretaciones del mundo; nuestras maneras de entenderlo. Ayudan, por ejemplo, a explicar, en términos simbólicos, de dónde venimos y a dónde vamos. Describen cómo nos comportamos los humanos con nosotros mismos y esencialmente provocan mejorar nuestra capacidad para predecir los fenómenos inexplicables de la Naturaleza... hasta cierto punto. Desde la antigüedad, muchos de los mitos tienen que ver con los árboles; sobre todo de los bosques que circundaban ya a los primeros pueblos sedentarios. El forastero era el que venía de más allá del espacio forestal. Era lo ajeno, lo desconocido; tema de lo cual se inspiraban los mitos, las supersticiones. Basta remontarnos a los cuentos de hadas (casi todos transcurren entre bosques) y a los cuentos de tradición (dicen que nuestros ancestros se mudaron del paraíso hacia los árboles y a las cuevas). Hoy día, apelar a la salvación de los árboles sigue siendo rentable como artilugio publicitario y mediático, pues toca sentimientos y fibras sensibles de nuestra naturaleza profunda. El problema es que la plantación masiva y simultánea de un día de campo pinta muy poco en el paisaje real que se requiere para la gestión eficaz de una política pública atinada para el medio ambiente, los recursos naturales y el territorio nacional. Confundir el árbol plantado con el voto futuro no hace justicia ni para el bosque ni para la democracia. Más que árboles, lo que se ha logrado es poner un granito en la conciencia de quienes se unieron empeñosamente a la moda de ese día. Ésa es la semilla que hay que cultivar y ayudar a crecer sanamente. Más que árboles, necesitamos ciudadanos responsables. Los bosques se cuidan solos de todo... menos de los humanos depredadores. NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C. Correo electrónico: nar@megared.net.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones