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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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“Sembrar errores y cosechar tragedias”

Por: EL INFORMADOR


Los expertos en el tema aseguran que cualquier accidente aéreo es consecuencia de una cadena de errores. Hasta mediados de este año la FALPA (Federación Internacional de Asociaciones de Pilotos de Aerolíneas) tenía clasificado al aeropuerto de la Ciudad de México como “gravemente deficiente”. (“Proceso”, 23/11/08/).

Una suma de las irregularidades y deficiencias que ha arrastrado durante años la aviación civil, ocasionadas por las autoridades gubernamentales que hacen riesgosa la seguridad aérea del país, al no respetar la normatividad en la materia, causaron el fatal accidente ocurrido al segundo hombre en importancia del Gobierno federal, lo que no es posible soslayarse.

El desplome del Learjet 45 —que debió aterrizar en el aeropuerto de Toluca, según el decreto en vigencia del 13 de enero de 1994— llama la atención, una vez más, acerca de los problemas de sobresaturación de vuelos, déficit de controladores aéreos, fallas en los equipos técnicos, ausencia de suficientes pistas de aterrizaje y la corrupción de las autoridades aeronáuticas que, entre otras cosas, permitieron un incremento sin control de las pequeñas aerolíneas privadas.

El decreto citado fue publicado en el Diario Oficial de la Federación y emitido por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en él señala que el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México queda cerrado para las aeronaves de servicio privado con matrículas XB y las del Estado con matrículas XC, esa prohibición se hace debido al congestionamiento del aeropuerto del Distrito Federal. Sin embargo, basta que paguen una cuota para que aeronaves particulares y compañías de aerotaxis operen con el permiso de autoridades aeroportuarias y la Dirección General de Aeronáutica Civil que dependen de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Por ello, el Boeing 767, cuya turbulencia dicen, provocó la caída del Learjet 45, es considerado de lo más peligroso en el tráfico aéreo, debido a las fuertes turbulencias que provoca su velocidad crucero de 840 kilómetros por hora —ese modelo de avión es una masa de toneladas de acero que mide de largo 48.5 metros—, esas son las aeronaves que sí tienen autorización de aterrizar en el aeropuerto capitalino y no las pequeñas naves cuya velocidad y tamaño las coloca en clara desventaja con los cruceros internacionales de pasajeros como el mencionado, que al despegar arroja un flujo de aire de tal fuerza que puede inflar el dirigible Goodyear en siete segundos.

El Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo ha informado constantemente mediante oficios, las fallas técnicas de diversos tipos que surgen en los aterrizajes de uno de los aeropuertos con mayor tráfico en el Continente, a pesar de lo cual no han obtenido respuesta de parte del secretario de Comunicaciones y Transportes, a quien se le ha advertido: “El aumento en las operaciones aéreas sin que a su vez aumente y mejore el servicio de control de tránsito, es indicativo de que ya se está en los límites de seguridad”. Lo que se pone en riesgo es la vida de los usuarios. Años llevan enviando esos oficios a los que nadie les hizo caso.

MARTHA GONZÁLEZ ESCOBAR / Divulgadora científica. UdeG.
Correo electrónico; marthaggonzalez@yahoo.com.mx

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