Sábado, 18 de Octubre 2025

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“¡Santo súbito...!”

Por: EL INFORMADOR

ENTRE VERAS Y BROMAS             

No fue el de Juan Pablo II el primer caso en que la canonización de una persona se solicita por aclamación (la “vox populi”, que algunos identifican con la “Vox Dei”). Es más: en México, el siglo pasado, cuando San Felipe de Jesús aún era el único compatriota que había merecido la gloria de los altares, hubo al menos un caso en que la transformación de un hombre virtuoso en modelo de galas morales para sus semejantes, se daba por “carambola hecha”: monseñor Rafael Guízar y Valencia (1878-1938), quinto obispo de Veracruz.

—II—

Ya hay otro. El pasado 2 de diciembre se difundía la noticia de la muerte de Carlos Abascal Carranza. El abogado, antiguo dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, de la Fundación Mexicana para el Desarrollo Social y del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, y posteriormente secretario del Trabajo (2000) y de Gobernación (2005) en el sexenio de Vicente Fox, consiguió, unos días antes de morir, el doctorado honoris causa de la Universidad Anáhuac. A su muerte, cosechó reconocimientos por su integridad ideológica y por su congruencia inquebrantable con sus convicciones religiosas.

—III—

En 2001, Georgina Rábago, maestra de literatura en una secundaria, encomendó a sus alumnas la lectura de algunos cuentos de Gabriel García Márquez y la novela “Aura”, de Carlos Fuentes. Abascal, “como cualquier padre de familia”, externó su desaprobación por la “inmoralidad” del personaje de la novela. La maestra fue despedida. Quedó la sospecha de que el entonces secretario de Gobernación —por acción u omisión, lo mismo da— tuvo parte en ello... Ahora, en los últimos días de 2008, Jorge Serrano Limón (dirigente de Pro-Vida, organización que ha encabezado estridentes campañas, verbigracia, contra la despenalización del aborto en el Distrito Federal y tiempo atrás contra la exhibición de la cinta “El Crimen del Padre Amaro”, basada en una novela escrita en el siglo XIX por José María Eça de Queiroz) solicitó formalmente que, sin aguardar los cinco años posteriores a la muerte que la Iglesia Católica pone de plazo, se inicie el proceso de canonización de quien sería San José Carlos María Abascal Carranza.

(Como decían las abuelas: “Dios nos tenga de su santa y bendita mano”).

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