Martes, 04 de Noviembre 2025

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Rezagos urbanos

Por: EL INFORMADOR


Las ciudades del mundo moderno se encuentran ante el doble desafío urgente de contender entre sí por las codiciadas posiciones en el mercado global cada vez más competitivo por un lado, y en conseguir que su desarrollo se logre de una manera “sustentable”; es decir, con un equilibrio tenaz en lo económico, lo social y lo ambiental sobre el territorio de su influencia inmediata.

Así es que las ciudades tienen dos opciones claras: o se adaptan bien a los cambios del mundo general, o se van quedando mal rezagadas. Las que son capitales de país (como sedes de control del Estado nacional) han sido necesarias para sostener las soberanías patrióticas y sus logros urbanos se deben más al esfuerzo subsidiado de su respectiva nación entera. Ellas suelen ser ineficientes, cuando no parásitas de las economías nacionales. Absorben, como esponja sedienta, los recursos y las oportunidades que corresponderían mejor a las provincias regionales. La Ciudad de México es un buen ejemplo de este mal. París lo empezaba a ser hasta que el Gobierno francés post ‘68 instauró la exitosa política nacional de ordenamiento y gestión regional del territorio.

Las ciudades que no son sedes políticas suelen carecer de los privilegios otorgados por el espíritu nacionalista y por tanto dependen principalmente de los esfuerzos, empeños y talentos locales. Y los propios ciudadanos de la ciudad (que no los de la nación) desde el gran ego centralista siempre serán vistos de segunda clase. Con Madrid ante Barcelona y Bilbao, el caso español es prototípico.

Las ciudades portuarias de Los Ángeles y Chicago han sabido fincar su éxito sobre sus posiciones logísticas estratégicas, al adoptar mejor el mercado productivo de la mano de obra inmigrante latina en general y en particular la mexicana (legales e ilegales por igual). Por ahí va también Vancouver.

No se trata, pues, que las urbes estén atrapadas en un proceso constante de cirugía estética para cambiar su cara al mundo, sino que simplemente no caigan en el pecado de complacencia que las encarrila a rezagarse. Una vez caídas, el tiempo del rezago se cobra caramente.

“Guadalajara tendrá muchos problemas e insuficiencias, pero es una ciudad que aún conserva una razonable calidad de vida que podemos mejorar grandemente. Con trabajo, con lucidez, con organización. Sin azotes ni fatalismos. La ciudad se prepara para dar su último estirón. En 25 años seremos cinco millones de habitantes y en esa cifra se estacionará la población. Con ese mismo impulso, con esa perspectiva, estamos a tiempo de planear y construir una urbe a la medida de nuestras necesidades. Y también de nuestros sueños”. Bien lo expresa el Arq. Juan Palomar, vocal ejecutivo de la planeación urbana del Ayuntamiento de Guadalajara y devoto colaborador de este diario.

Afortunadamente, no somos una ciudad rezagada que requiera de onerosa transformación súbita para ponerse al corriente. Como vamos, estamos bien. Digamos, nada más, que no hay que aflojar el paso para recuperarnos de un par de décadas desviadas por ahí; de las que todavía debemos pagar sus costos y sanear sus males.

NORBERTO ÁLVAREZ ROMO / Presidente de Ecometrópolis, A.C.
Correo electrónico: nar@megared.net.mx

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