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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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¿“Réplica”...?

Pocos días de haber salido a la luz, y de haberse erigido en el “best seller” de la temporada, “Derecho de Réplica”, de Carlos Ahumada, ya es el libro más comentado de los últimos años en México...
—II—
Al margen del explosivo éxito que ya es, el libro difícilmente ganará reconocimientos literarios o periodísticos —en la hipótesis de que se le inserte en géneros como la crónica o el reportaje, más afines al periodismo que a su hermana mayor, la literatura— a su autor. De hecho, los críticos patinan al tratar de encasillarlo, entre otras cosas porque el voluminoso mamotreto, de 375 páginas, fue escrito “a partir de una serie de preguntas planteadas por un grupo de periodistas”, para tratar de poner los puntos sobre las íes en torno a los “videoescándalos” difundidos hace cinco años, en que aparecían algunos altos funcionarios del Gobierno del Distrito Federal recibiendo y embolsándose —literalmente— pacas de dinero correspondientes a sobornos o “mochadas”.
Ahumada nunca fue escritor, ni aprendió a serlo en la cárcel. Ahumada es un empresario de origen argentino, que hizo fortuna en México aprendiendo a nadar en el fango como pez en el agua... Su desgracia consistió en no haber aprendido a llevar a la práctica un sabio aforismo cuya paternidad se atribuye a Jesús Reyes Heroles: “La política es el arte de tragar sapos sin hacer gestos”. Su pretendido ejercicio del “derecho de réplica”, todo lo que hace es tratar de salvar su buen nombre, a base de repartir lodo a diestra a siniestra. (De hecho, las réplicas propiamente dichas —la mayoría para desmentir al ahora exitoso “escritor”— de los personajes involucrados en el libro, hasta donde se sabe, no han merecido el menor crédito de eso que llaman “opinión pública”).
—III—
Ahumada, quizá sin proponérselo, sólo consigue robustecer la vieja hipótesis de que la política mexicana es un pantano de corrupción que pocas aves pueden presumir de haber cruzado sin mancillar su plumaje.
El corolario de esta historia pudiera ser el epigrama que una mano anónima escribió al calce de la fotografía que se tomaron los generales Villa, Zapata y Ángeles, encaramados en la silla presidencial, tras haber entrado a Palacio Nacional a lomos de caballo: “No son trasunto fiel del Calvario / las fachas éstas; ninguno es Dimas: / los tres son Gestas”.

JAIME GARCÍA ELÍAS

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