Viernes, 19 de Diciembre 2025

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Remembranzas

Por: EL INFORMADOR

Ayer... y hoy

Esto que hoy escribo es producto de un día de gratos recuerdos, los motivaron el estar disfrutando de la paz y tranquilidad que da el bosque, donde los pinos, los cedros y madroños perfuman el ambiente, así como el estar alejado de tantas malas noticias que dan a conocer conductas criminales, raterías de nuestros actuales gobernantes y los espectáculos bochornosos de los trapecistas y cambia chaquetas de la política, tanto nacional como local.

Mentalmente recorro nuevamente gélidos glaciares y sus hermanos no menos helados ventisqueros que van a morir al borde de lagos, provocando cascadas espumantes y rugidoras y que son de una belleza que corta el aliento, pues aquí afortunadamente la Naturaleza no ha sucumbido a la urbanización en estos apartados lugares, lo que origina un escenario natural y así, sigo recorriendo parajes soberbios entre el rítmico siseo del viento que crea con la neblina caprichosas formas y figuras.

Cuando la tarde se convierte en noche, sigo con mis remembranzas, pues parece que fue ayer cuando como consecuencia de las lluvias, los deshielos y los glaciares contemplé cómo, en la alta montaña, multitud de ríos tenían su origen sobresaliendo de entre todos ellos el Río Marañón, que bravo y torrentoso corría cuesta abajo por cañones encajonados entre muros verticales hasta juntarse con el otro gran río, el Ucayali, que también ahí se origina y que ya unidos le dan nacimiento a la más caudalosa corriente de agua del mundo, al rey de todos los ríos: el Amazonas.

Como siempre hay algo más en la vida, hacerse viejos y el que vive mucho... ve mucho, en el ayer recorrí un desolado y seco camino lleno de palmeras en un mundo lejano por tierras africanas, y en ese escenario desértico y vacío entendí lo que es la impresionante desolación del desierto, contemplé las estrellas tan cercanas que parecía que podía alcanzarlas con la mano, pues la noche estaba tan clara por la carencia de nubes, y en este mundo de la nostalgia que hoy trato es tan curiosa la huella que deja la experiencia, que a veces al recordar algún pasaje no se sabe dónde ubicarlo, pues son tantos los que afortunadamente se han vivido.

El Sahara, desierto que parece no tener fin, es una de las tierras más hostiles del mundo, su ataque se empieza a sentir cuando se comienza a tener sed, los que ahí viven siempre lo han hecho lejos de todas partes, pues aquí raras son las huellas de la ocupación humana, y los que han logrado sobrevivir como los Tuareg y los llamados Hombres Azules, han moldeado su carácter de tal forma que siempre se han considerado hombres libres... libres de la tiranía de los demás hombres y de los elementos naturales.

ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor.

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