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Viernes, 13 de Diciembre 2019
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¿Por qué somos tan corruptos?

Por: EL INFORMADOR

Y sigue cayendo México en la clasificación de Transparencia Internacional sobre los niveles de corrupción que vivimos en nuestro país. La pregunta evidente es qué está pasando. Para  algunos investigadores, el Estado y el sistema jurídico y el Gobierno están lejos de representar los intereses de la sociedad.

Para otros, tenemos muchos problemas institucionales, como la debilidad en la Auditoría superior de la Federación y la fragilidad de los órganos de control interno de las dependencia y entidades.

Ciertamente son muchos los mecanismos y problemas que nos llevan a vivir la corrupción como una forma de vida. Pero la raíz del problema no se encuentra en las instituciones o el Estado, sino en la cultura de los pueblos. Existen varias teorías que explican esta conducta; pero ninguna satisface por completo la curiosidad intelectual. Parece más comprensible una visión multi-causal, que una sola causa. En especial me inclino a pensar que todo parte de una historia de inmoralidad y carencia de rectitud ética.

Particularmente cuando los adultos, en concreto los padres de familia, hacen su riqueza o ingresos a base de actos corruptos. Y en su conciencia y ante sus hijos, no pasa nada, es más se justifica con facilidad y sin remordimiento alguno. Es un dinero que cae muy gratamente y como un indispensable para cubrir los gastos semanales. Además, si todos lo hacen, ¿por qué yo no?

Realmente estamos hablando de un cinismo mayúsculo, de una burla a los principios morales y de una desfachatez sin igual. Y es que no importa cómo llega ese dinero a mis bolsillos, tenerlo es lo que interesa.

Por eso es fácil que éste mal, se difunda y contamine todo cuanto toca. Simplemente porque es parte de los usos y costumbres. Ya no hay mecanismos que frenen la inmediatez de los actos que corrompen.

Cuando veo en los ojos de una persona corrupta, que las hay por montones y en todos los ambientes, suelo descubrir una despreocupación por lo que hacen, como si ni siquiera estuviera haciendo algo malo. Ha perdido el juicio objetivo sobre la realidad moral de sus actos.

No siento que son los gobiernos los más o menos corruptos, que desde luego pueden tener su parte, sino que son las personas y las circunstancias, las que fomentan y promueven la necesidad de ejercer la corrupción sin que existan consecuencias.

En cuanto se aflojan los mecanismos de control, se desborda este hábito con mucha facilidad. Por que el único verdadero freno para la corrupción es la conciencia moral y que se acabe con la impunidad. Es decir, que sea la persona misma la que ponga sus límites, y que en caso de caer, sí existan consecuencias significativas.
Por mientras, la corrupción es creciente, hay impunidad y la moral no cumple con su tarea.
En vez de unirnos a ella, hagamos frente no siendo corruptos y denunciándola. Por ahora no veo otro camino. Si no lo eres, no calles. Es una obligación ética darla a conocer.
¿Qué opinas?

GUILLERMO DELLAMARY / Filósofo y psicólogo.
Correo electrónico: dellamar@yahoo.com

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