| Otra vez... la Isla de Pascua Por: EL INFORMADOR 31 de agosto de 2008 - 23:00 hs En artículo anterior me referí a la Isla de Pascua y escribí varias razones por las cuales todo viajero que se precie de serlo, debe visitarla: dije que fue, es y seguirá siendo la “Isla del misterio”; que no obstante ser tan pequeña (tiene sólo 118 kilómetros cuadrados), en ella se encuentran 600 estatuas de piedra llamadas “Moais”, tan altas como torres y pesadas como un carro de ferrocarril (algunas pesan 100 toneladas), que se piensa que los modelos que sirvieron para su elaboración no pertenecieron a esta humanidad, pues tienen orejas largas, nariz enorme, dedos largos y finos y grandes uñas y que desde que se llega a la Isla es difícil conciliar el sueño por tantas interrogantes que van surgiendo y que para mí seguirá siendo increíble, inimaginable e inimitable. Pero también señalé que por falta de espacio no me referí a una parte de la historia de la Isla, a la cual podríamos llamar “un mundo extraño”, una parte oculta, quizá la menos difundida, pero también la peor estudiada; en los relatos que hicieron los navegantes en el siglo XVIII, el capitán Cook dejó constancia de que sólo encontró en el lugar un centenar de habitantes extrañándole que fueron tan pocos: 12 años después, el francés La Perouse recorrió el lugar y le llamó la atención que más de dos mil habitantes poblaran la Isla, que le pareció como si hubieran brotado de la tierra (cuando el autor de esta columna la visitó no llegaban a dos mil). Los españoles que arribaron en 1770 en su diario de abordo, manifestaron que quizá los indígenas poseían escondrijos subterráneos secretos, pues los regalos que les hicieron desaparecieron completamente, y que no obstante que la Isla era un terreno despejado y sin árboles, no se veían niños; por lo que de inmediato se piensa: ¿Sería la superficie de la Isla sólo el segundo piso de un lugar poblado a dos niveles? ¿O acaso sería la Isla un verdadero queso gruyere? Así es. En el libro del padre Sebastián Englert: “En la tierra de Hotu-Matua” que escribió sobre la Isla, siendo misionero, dice: “Existen también cuevas secretas que eran propiedad de determinadas familias y solamente las principales personas de ellas conocían la entrada de su respectiva cueva: éstas servían para esconder objetos de valor”. Lo anterior fue manifestado en 1954, y en 1980 al visitar la Isla se hablaba de que en toda ella se encuentran estrechas cámaras situadas bajo el nivel del suelo que son escondrijos que proliferan tanto, que algunas de esas cavernas se encuentran en los acantilados más difíciles de escalar y que en el fondo de ellas se vivió durante un tiempo para evitar ser comidos por el canibalismo que se produjo por los conflictos sociales que surgieron entre los orejas largas y los orejas cortas. De ello hablaremos en otro artículo. ADOLFO MARTÍNEZ LÓPEZ / Escritor. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones