| Otra vez el rollo de la mano invisible Por: EL INFORMADOR 9 de mayo de 2008 - 23:00 hs Hay, ciertamente, muchos fenómenos económicos, surgidos en el siempre bienanventurado sistema capitalista —no hay otra opción después de él—, como la solución encontrada por don Adam Smith, el elegante y siempre bien intencionado catedrático de economía política de la Universidad de Edimburgo: fluido en la prosa y en su discurso político y académico, consideró, según él, con conocimiento de causa, que existía una “mano invisible” (invisible hand) que actuaba en forma tal que aunque los individuos persiguieran su propia ventaja, el mayor beneficio social se obtenía siendo libres para hacerlo. Cada individuo era guiado, pues, por una mano invisible para alcanzar un fin que no era parte precisamente de su intención para acumular riqueza, a decir, para hacer fortuna. En realidad la célebre consideración de Mr. Profr. Smith viene a ser, lo sigue siendo, el principio clásico del pensamiento pragmático anglosajón, que también interpreta de mejor manera ese concepto en donde limpia y sencillamente se ubica el principio del liberalismo económico por excelencia, “el tiempo es dinero”, que quiere decir que el que trabaja y crea iniciativas propias, la Divina Providencia le ayuda. En efecto, la mano invisible en su origen, era una especie de extremidad divina, armonizadora y además justiciera, y que en el mercantilismo compensaría los excesos, contendría las catástrofes y velaría por el interés público. Pero, ¡quia!, la metáfora se escapó de su sentido moral y novedoso. La mano invisible se ocuparía de azotar a quienes defendiesen una política social, una responsabilidad humanitaria. Aquella bendita metáfora pronto se convirtió en un gran capo que todo lo domina, y todo por las virtudes de una mano invisible que a la postre descubrió su propio rostro. Muchos no querían. ¿Pero quién se opone a sus designios? Y es más, la mano invisible, magna aportación de Mr. Smith, también se moderniza, también continúa presente en ese todo que quiere ser de algún modo la modernidad, lo moderno, lo exquisitamente creado por excelencia. Ahora la mano invisible guía los pasos del mundo globalizado, y que ¡oh paradoja!, quiere ser justo y humano. Seguramente alguien se apoderó de esa mano, y la hizo invisible. El mismo autor de “La Riqueza de las Naciones” hubiera querido borrar su propio engendro, metáfora dizque bienintencionada, instituyendo que sería utilizada sin escrúpulos por los trileros (pájaros negros) de la historia. Pero sus buenos deseos se escaparon de sus propias manos. Y la mano invisible continúa tan lúcida y efectiva como si nada. MANUEL LÓPEZ DE LA PARRA / Periodista. Correo electrónico: loppra@economia.unam.mx Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones